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Breviario

Colombia, sin miedo

El recuerdo de un colombiano que le hablaba con amor sobre venezuela lleva este autor a elaborar una teoría sobre las relaciones internacionales. 

© Swim ink, LLC. Corbis

En la isla de Margarita pobre y distante de 1960, Jaime Jiménez oficiaba de vínculo con el mundo que estaba al otro lado del mar. Era un agente viajero que recorría el país en representación de una casa importadora de casimires en Caracas, y visitaba la sastrería de mi padre, en La Asunción, una vez cada dos meses. Tenía una camioneta GMC roja que llegaba cubierta de un polvo amarillento desconocido, arrancado a los caminos ignotos de una Venezuela que entonces quedaba muy lejos. Después de realizar las pocas transacciones comerciales pendientes con mi padre; entregarle alguna tela encargada, dejarle unos muestrarios con las novedades y recibir abonos de las cuentas viejas, Jaime comenzaba a hablar de sus viajes y experiencias por un país que conocía como pocos.

Su llegada a la sastrería era un acontecimiento en La Asunción de aquellos años. El pequeño local se llenaba de gente deseosa de escuchar a aquel señor, tan bien educado y amable, que traía noticias del mundo que entonces muy pocos habían visitado. Hablaba de un puente que estaban construyendo en el lago de Maracaibo, de un lugar llamado Turén, en Portuguesa, donde se iba a producir tanto alimento que ya no habría más hambre en Venezuela, de una ciudad nueva en Guayana donde se estaba construyendo el futuro, de cómo Caracas crecía explosivamente, de las industrias de Valencia, del naciente Puerto la Cruz. Hablaba con amor y optimismo de la Venezuela de entonces, del gran país, que poco a poco surgía de la dictadura.
Un día, como una casualidad, como un cuento más, me enteré de que Jaime Jiménez, aquel visitante amable que nos contaba nuestro propio país no era venezolano sino de Cali, Colombia. Pasados los años, cimentó con mi padre una gran amistad y aunque con la instauración del puerto libre en Margarita la sastrería dejó de ser negocio, y mi padre dejó de ser sastre, siempre que Jaime venía por la isla, entonces en plan de turista, lo visitaba, se tomaban unos tragos y pasaban ratos juntos. Mi padre murió en 2005 e ignoro si Jaime aún vive, hace años no sabemos de él.
Mi trajinar académico me llevó a especializarme en relaciones internacionales, a dar clases de política internaci...

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