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Sainte-Beuve nuestro padre

Pocos amigos, traiciones póstumas y fama de escritores frustrados son solo una parte de la herencia de Sainte-Beuve a sus hijos críticos literarios. Desde la distancia, uno de ellos recuerda al padre y su agridulce legado.

Cualquier lector sensible que se adentre en los Retratos literarios –antologías realizadas arbitrariamente por sus traductores– o en alguno de los quince tomos de las Causeries du lundi (1851-1862) –la principal colección de sus artículos– encontrará un mundo tan necesario como la propia Comedia humana, de Balzac, quien tuvo en Sainte-Beuve a su némesis y a su antagonista complementario. Si las novelas de Balzac eran lo que le faltaba al mundo, en la obra de Sainte-Beuve encontramos todo lo que aparentemente le sobra: enciclopédica nota a pie de página. Sainte-Beuve, en una memorable imagen de Michel Crépu, fue un curioso insecto que entraba de noche a las bibliotecas y desplegaba sus antenas minuciosas sobre toda la literatura, deteniéndose lo mismo en los clásicos que en los modernos. Poco le interesó –con excepción de un puñado de poetas ingleses– ir más allá de su lengua pues fue educado por aquellos ideólogos para quienes Francia era la medida de la civilización y sus letras, la literatura nacional del mundo.

Sainte-Beuve sistematizó la reseña semanal de novedades literarias, hizo del crítico una autoridad judicial y delictiva, amada y temida a la vez, un padre que acogía en su seno indulgente a todos los escritores ansiosos de reconocimiento y a quienes, una vez arrullados y mimados, los arrojaba inmisericordemente al mundo en calidad de huérfanos y bastardos. La prosa escueta y dormilona de Sainte-Beuve fue una reacción contra la exuberancia de sus elocuentes contemporáneos, como Chateaubriand (su maestro), Victor Hugo (de cuya mujer, Adèle, fue chevalier servante y amante), Lamartine (su sosías) o Michelet (su bestia negra). Junto a la invención de la crítica literaria periodística, Sainte-Beuve no despreció la academia y a él se debe Port-Royal (1840-1859), la monumental historia de la sensibilidad religiosa del siglo XVIIfrancés, obra que resultó de sus cursos en la Academia de Lausana.
A Sainte-Beuve no se le perdonó haber predicado con el ejemplo: como poeta, contribuyó, muy joven, a fundar el temperamento romántico con Vie, poèsies et pensèes de Joseph Delorme

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