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Portafolio gráfico

Glamour à La Habana

Moda cubana de año nuevo

La mezcla de restricciones comerciales y sabor caribe puede producir sorprendentes combinaciones de vestuario. El armario de un cubano es un coctel de tiempos, procedencias e historias. La víspera del 1° de enero de 2010 es la fecha escogida por un fotógrafo colombiano para retratar los atuendos con que los cubanos reciben el año nuevo. 

 

 

Era el 31 de diciembre de 2009. Traía en la cabeza un viejo proyecto –nunca concluido– que concebí con mi amigo y colega Rodrigo Orrantia, y otro proyecto, un documental sobre la obesidad y la moda –tampoco concluido–, de mi esposa.

Con esos precedentes, quería hacer una serie de fotos “fashion”, y ésta parecía una fecha privilegiada para retratar a los habitantes de La Habana en pleno, con buena actitud y sus mejores atuendos.

Pero algo no encajaba muy bien. A mi juicio, los personajes se perdían fácilmente en el fondo sobrecargado de la ciudad.

Entonces recordé la exposición In the American West de Richard Avedon, en la que mineros y campesinos gringos, gente común y corriente, eran retratados sobre un fondo blanco. Agarré una sábana de mi suegra, la clavamos a martillazos en dos listones de madera y salí con cámara al cuello –lente macro de 55 mm– a recorrer las calles de La Habana. Tomé 120 retratos ese día.

Como en las fotos de Avedon, al ser aislados del paisaje y entrar en la zona blanca, los personajes se transformaban profundamente:

Una de las mujeres parecía ser “la manager cubana de los Rolling Stones”, otra podría haber sido “una Desperate Housewife del Vedado”, y otro “un Taxi Driver centro habanero”...

Reparando en sus atuendos parecía posible.

 

 

La moda en cuba es de mensajería, paquetes y tiendas. La gente se las apaña con lo que hay. “Llegaron pulóveres (así les dicen a las camisetas) a tal tienda”; hay que ir y comprar pulóveres. Pasa igual con la comida, con el color de la pintura y los zapatos: el cubano adapta lo que hay a lo que le gusta. “Está bueno el pulóver. Me lo pongo y voy echando”.

La escasa oferta también lleva a las señoras a salir siempre con su bolsa plástica, su “javita” en mano, para que la buena suerte de unas verduras o unos huevos no las agarre desprevenidas en la calle. Y aunque las bolsas también sean bienes escasos, no está de más hacer el esfuerzo para que el azul o el rosa del plástico combinen con la falda o la camisa.

Una de las primeras fotos que tomé fue la de doña Berta Hernández Samá, una mujer mayor con un infa...

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Nicolás Ordóñez Carrillo

Creativo y fotógrafo de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

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