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Columnas

Calamar en su tinta

Escudriñar la correspondencia ajena puede llevar a lugares insospechados, por ejemplo, de la curiosidad del columnista a un particular encuentro con Bioy Casares.

© Eva Vásquez

 

Hace una punta de años, antes del advenimiento de los motoqueros y los pagos electrónicos y la mensajería por internet, se cadeteaba rigurosamente a pie (el Expreso Imaginario los bautizó en una de sus tapas “los Superman de los subtes”, pero cualquier cadete con más de dos días de veteranía ya había aprendido a encanutar cuanta moneda le dieran de viático y hacer todos los trámites caminando). Yo era en aquel tiempo cadete en Emecé. Una de mis tareas era llevar a un edificio de la Curia, a una cuadra del Palacio Pizzurno, las traducciones mecanografiadas de aquella infecta colección de bestsellers titulada, con humor involuntario, Grandes Novelistas. El paquete iba con todas las escenas de sexo marcadas, para que los censores eclesiásticos decidieran cuáles pasaban y cuáles no. Curiosamente, nunca eliminaban ninguna del todo pero, tuvieran veinte líneas o veinte páginas, las reducían invariablemente a dos renglones: el del apriete inicial y el del cigarrillo post-orgasmo (a una cuadra de distancia, en el Ministerio de Educación, eran peores: prohibían enteros los libros “peligrosos”, como por ejemplo El principito o un manual para estudiantes de ingeniería titulado La cuba electrolítica).

De tanto en tanto también me tocaba llevar sobres o paquetes a la casa de algunos de los autores de Emecé, que eran en su abrumadora mayoría cachivaches de los suplementos literarios de La Nación o de La Prensa, pero una mañana ocurrió un pequeño milagro: me dieron un paquete para llevar a donde Bioy. En el primer banco de plaza que encontré libre me acomodé y lo abrí (abría siempre que podía lo que me daban para llevarles a Borges y a Bioy), y descubrí que eran las galeradas de su nueva novela, La aventura de un fotógrafo en La Plata. Bioy llevaba más de diez años sin publicar novela y casi cinco desde su último libro, los cuentos de El héroe de las mujeres. Cuando por fin llegué a su casa, a eso de las cuatro de la tarde, me abrió la puerta él mismo y me preguntó tan desencajado dónde me había metido (de Emecé le habían avisado a las nueve de la mañana que salían las galeradas para allá, y había m...

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Juan Forn

Fundador de Radar, el suplemento cultural de Página 12. Su último libro se titula 'El hombre que fue viernes'.

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