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Columnas

El partido de la Constitución

En uso de razón

La Constitución del 91, revisitada a sus veinte años.

© Jeremy Horner • corbis

 

En un par de meses se estará escribiendo tanto sobre los veinte años de la Constitución de 1991, que preferí anticiparme para lograr que alguien me leyera.

Hay toneladas de cosas por decir, pero quisiera destacar un elemento: creo que la fuerza –y la debilidad– de la Constitución han consistido en encarnar el proyecto de media Colombia –la Colombia que llamaré “de adelante”– en contravía de la otra media –que llamaré “la Colombia de atrás”–.

Dígase lo que se diga, cada Constitución es hija de quienes la redactan, y la de 1991 fue redactada por personas muy raras. Los miembros de la Asamblea Constituyente fueron elegidos en un descuido de la clase política, y por eso sus perfiles y valores fueron tan distintos de aquellos que tenían –y han seguido teniendo– nuestros congresistas. Como no había puestos, contratos ni “auxilios” para repartir, como se trataba de simples ideas, los caciques no se hicieron elegir y las maquinarias poco se movieron.

Las pruebas del descuido son patentes. En esas votaciones –que usted y yo creeríamos las más importantes de la historia– la abstención fue de un 70% –en efecto la más alta de la historia–. Casi todos los votos fueron “de opinión”, o sea, en esencia, del país de adelante. Y los setenta delegatarios elegidos se repartieron exactamente así: (a) treinta de los partidos Liberal y Conservador, casi todos ellos sueltos y alejados de la clase política; (b) treinta de “movimientos” que no perdurarían pero tenían una marcada carga ideológica (el Movimiento de Salvación Nacional, msn, con once delegados, desde la derecha, y la Alianza Democrática, ad-m19, con diecinueve delegados de izquierda), y (c) diez de minorías diversas (indígenas, evangélicos, Unión Patriótica e independientes).

Una composición radicalmente distinta de la que entonces tenía y de la que seguiría teniendo el Congreso. Una Constitución escrita entonces por el pedazo moderno o postmoderno de Colombia, el que se mueve por ideas, o por ideologías, o por identidades –pero no por clientelismo–.

Una Constituci&oacu...

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Hernando Gómez Buendía

Columnista de El Malpensante. Es también director de la revista digital www.razonpublica.com.

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