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Columna

Ni Coditos ni Florestas

Una mirada panorámica a las zonas verdes de Bogotá arroja un desequilibrado balance.

Arriba: Panorámica de El Codito. Abajo: Urbanización La Floresta © Juan Luis Rodríguez

 

Desde la privilegiada ventana del apartamento en el que vivo, si miro hacia abajo veo el Parque de la Independencia, y si miro hacia el frente veo el centro y los cerros del sur de Bogotá. Aun después del arboricidio promovido por TransMilenio y por el proyecto para el llamado Parque del Bicentenario, el contraste es abismal. La visual hacia el parque presenta una mancha verde continua, mientras el resto, el centro y el sur, luce como un desierto punteado por uno que otro brotecito verde, hasta el punto de que parecería haber más árboles en un área de no más de una hectárea que en otra que comprende docenas de hectáreas.

En Bogotá se supone que tenemos un árbol por cada tres habitantes. Se supone también, según los estándares internacionales, que para vivir de manera sostenible se necesitan diez árboles por persona. Es decir que a partir del paisaje visible desde mi apartamento haría falta multiplicar por treinta el número de árboles para que Bogotá fuera sostenible, o suponer que en algún lugar invisible debe haber miles de árboles balanceando la estadística.

Aunque no alcanzo a verlos, sé que a pocas cuadras tengo nada menos que el parque Nacional y más allá el Simón Bolívar. Y si miro hacia la izquierda, aunque no cuentan porque están deshabitados, veo los cerros orientales. En conclusión, de falta de verde no puedo quejarme. En ese aspecto, vivo sin duda en un sitio privilegiado, muy por encima del promedio.

Como todos tenemos que salir a trabajar, comprar cosas y pagar cuentas, con frecuencia uno se encuentra en lugares que son como un desierto pañetado. Pero a algunos la suerte también nos permite visitar parajes donde la proporción funciona a la inversa: cientos o miles de árboles por habitante. Soy testigo de esto cada vez que voy a visitar a mi hermana en la Floresta de la Sabana, más o menos en la calle 240, al norte de Bogotá, el último barrio antes de Chía.

La de mi hermana es una de esas casas que en su momento salió en la revista Habitar ...

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Juan Luis Rodríguez

Es profesor de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia.

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