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Columna

Para cuidar la salud

Después de examinar con lupa la salud en Colombia, el diagnóstico no parece muy esperanzador.

© CJ BurtonCorbis

 

El asunto en realidad es muy sencillo: todos tenemos derecho a la atención en salud, pero los costos del servicio pueden ser prohibitivos. De esta tensión tan simple ha resultado un gran embrollo de regímenes, instancias, entidades, empresas, formas de financiación, transferencias, subsidios, requisitos, controles y trámites para atender distintos tipos de pacientes y enfermedades.

El andamiaje (y la sopa de letras que sabemos) busca hacer que la cobija alcance para todos, y sin embargo el propio enredo ayuda a que se filtren los recursos y a que muchos de ellos vayan a donde no debían. Por esta razón es útil dejar de mirar los árboles para fijarse en el bosque y concentrarse en las tareas esenciales:

1. Por supuesto, hay que agrandar la cobija. A medida que los países se enriquecen gastan más en salud, porque la población es cada vez más vieja y la medicina de punta cada día es más costosa. En Colombia, por ejemplo, el gasto en salud pasó del 5% al 8% del PIB en los pasados veinte años, y esta tendencia debería mantenerse. Pero la plata, aun así, no alcanzaría: para gozar de una atención igual a la que hoy existe en Estados Unidos, tendríamos que dedicar a la salud el ¡76%! del total de nuestro ingreso.

2. Hay que disminuir la necesidad de cobijas, es decir, hay que tomar la prevención en serio. Esto es más inteligente porque mejora la calidad de vida, y es menos costoso porque evitamos las enfermedades (sé de estudios que encuentran entre seis y diez veces más barato prevenir que curar las enfermedades). La prevención se logra de maneras muy diversas, incluyendo una gama de políticas como por ejemplo de seguridad vial, nutrición, deporte o educación; los cambios en el estilo de vida (de los ricos y de los pobres); las prioridades del gasto público (más acueductos para que gastemos menos en hospitales) y el balance correcto entre Estado y mercado (a las empresas privadas de salud no les importa invertir en prevención). La prevención puede ser tan eficaz que en Cuba, por ejemplo, la esperanza de vida es prácticamente igual a la de Estados Unidos (77 años).

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Hernando Gómez Buendía

Columnista de El Malpensante. Es también director de la revista digital www.razonpublica.com.

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