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Columna

La nueva guerra

¿Estamos a las puertas de la paz, o una nueva guerra se gesta en los campos de Colombia, ahora propulsada por la riqueza minera? 

Minería de oro en el Chocó © Jeremy Horner • Corbis

 

Hace diez años los profesores Paul Collier y Anke Hoeffler publicaron un artículo famoso y muy controvertido sobre las causas de las guerras civiles o los “conflictos armados internos” en distintas regiones del mundo. Examinaron 68 guerras que tuvieron lugar entre 1960 y 1999, y concluyeron que la “avaricia” (greed) es mucho más importante que la “convicción” (creed) como motor del conflicto: la gente no pelea por ideales políticos sino ante todo por hacerse al control de la riqueza.

Subrayo el ante todo porque los datos confirman que sí hay algunos conflictos ideológicos o que muchos incluyen aspectos ideológicos, de modo que aquella conclusión no descarta de entrada la presencia o importancia del ideario político y de las luchas sociales en el origen y la evolución de un conflicto específico –por ejemplo el conflicto colombiano–.

Y aquí arranca la polémica que hace tiempo divide a los “violentólogos”: si el conflicto en Colombia tiene una causa única (el “terrorismo” o el “narcoterrorismo”, como lo decidieron Uribe y sus adláteres), o si se trata de un asunto complejo, con raíces y facetas diversas y cambiantes en distintos etapas y en distintas regiones del país –la tesis del Informe Callejón con salida que dirigí en la época y me costó la salida de otras partes.

Ese debate es sin duda el decisivo, porque el remedio depende de cómo se diagnostique la enfermedad.

Pero vuelvo a la avaricia, que sin duda pesa mucho en la dinámica del conflicto, o mejor, de los conflictos internos en Colombia. Unas veces para enriquecerse y otras para financiar la guerra (que no es lo mismo), los actores armados han vivido detrás de las bonanzas, y por eso no sorprende que “la Violencia” de los cincuenta y sesenta se hubiera concentrado en las regiones cafeteras, y que la guerra se hubiera ido trasladando hacia las zonas petroleras en Santander o en Arauca, o hacia las esmeraldas en Boyacá, el banano en Urabá, la tierra valorizada del Magdalena Medio, el carbón en el Cesar, los secuestros donde hay ricos, las regalías donde llegan, la ...

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Hernando Gómez Buendía

Columnista de El Malpensante. Es también director de la revista digital www.razonpublica.com.

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