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La increíble historia del reino de Redonda

 ¿Cómo fue que un islote desierto del Caribe se convirtió en el territorio con más ciudadanos ilustres por kilómetro cuadrado en el planeta, desde Dylan Thomas y Dirk Bogarde hasta Francis Ford Coppola y Frank Ghery? Conozca la increíble historia del reino de Redonda, y la suma de peripecias y casualidades que llevaron al escritor Javier Marías a convertirse en su actual soberano.

 

En 1984, el español Javier Marías llegó a Oxford más bien anónimamente, con una coartada perfecta para leer, escribir y curiosear por librerías y claustros sanctos y non sanctos todo el día y lo que pudiera de la noche: había sido invitado como profesor auxiliar de lengua española (“mi papel consistía en hacer de gramática y diccionario parlantes”, en sus propias palabras) por un período de dos ciclos lectivos. Marías dedicó esos dos años a leer, vagar y acumular confidencias confesables y de las otras que le fueron de lo más estimulantes para escribir, a su regreso a Madrid, una novela ambientada allí que tituló Todas las almas. Cuando el libro se publicó en 1989 produjo, en España y Oxford, un efecto que parecía una coda perfecta a su trama: en España fue considerado un divertimento anglófilo —y en cierto sentido borgeano— de su autor, quien poco antes había dado a conocer una antología llamada Cuentos únicos, donde rescataba del olvido los singulares chispazos de genialidad narrativa de un puñado de escritores cuya obra restante merecía el limbo del anonimato. Así como muchos pensaron que Marías había fraguado esos cuentos y las biografías de esos autores, descreían que la fauna que poblaba Todas las almas (en particular su enigma central, un escritor llamado John Gawsworth, que terminó sus días como un mendigo por las calles de Londres, aunque la Corona Británica lo reconocía como legítimo rey de la Isla de Redonda) hubiese existido en alguna realidad que no fuese la febril y anglófila imaginación de Marías.


En Oxford, en cambio, corrió pronto el rumor —parejo a la circulación de mano en mano de unos pocos ejemplares de la edición española— de que “aquel joven profesor español, ¿recuerda?” había escrito un roman a clef, con todos ellos como personajes. Curiosamente, no fue el enigma Gawsworth el que alimentó el “realismo en clave” de la novela sino esa combinación de excentricidad y discreción paradigmática de los ingleses, que vuelve verosímil casi toda rareza, por descabellada que parezca (por ejemplo, que un apacible experto en lenguas eslavas sea, para los servicios de inteligencia, el “filtro” definitorio para evaluar si los rusos que pedían asilo político en Inglaterra eran auténticos perseguidos o espías). Lo cierto es que los ilu...

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Juan Forn

Fundador de Radar, el suplemento cultural de Página 12. Su último libro se titula 'El hombre que fue viernes'.

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