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Política

La droga, Santos y el nuevo rostro de Colombia

El presidente Santos ha dejado abierta la posibilidad de la legalización. ¿Qué significa para el país una declaración como ésta?

© George Logan • corbis

 

Según la ONU, Colombia produce la mitad y según la CIA las dos terceras partes de la cocaína que consume el mundo. Además, el negocio de las drogas ilegales mueve unos 250.000 millones de dólares al año, de los cuales ingresarían a Colombia alrededor de 15.000 millones, casi el valor del presupuesto nacional o la séptima parte de nuestro producto.

El presidente Santos tenía pues razón cuando se atrevió a sugerir un giro en la política internacional sobre las drogas. Lo hizo con muchísima cautela: “Si [acabar con la violencia del narcotráfico] significa legalizar, y el mundo piensa que ésa es la solución... yo no estoy contra eso... [No voy a] convertirme en la vanguardia de este movimiento... [pero] con gusto participaría en esas discusiones”.

El argumento de Santos fue pues bastante simple: al acabar la prohibición, se acabaría la violencia del narcotráfico.

Esta idea sin embargo no es tan cierta: aunque los narcos asesinan a menudo para evitar que sus socios los estafen o que las autoridades los detengan, el nivel de violencia ha sido más bien bajo en casi todas partes y casi todo el tiempo. Los casos como Colombia desde 1984 o México desde 2006 son excepciones debidas a circunstancias bien particulares: la droga es un negocio, y a los negocios no les convienen las guerras.

El argumento de fondo para descriminalizar es económico: la prohibición eleva el precio del producto; legalizar implica que el precio disminuya, y así se acabarían las ganancias que permiten financiar la corrupción y la violencia.

Pero al bajar el precio de un producto aumenta su consumo, y este argumento es la base del prohibicionismo: si legalizamos el uso de las drogas, habría una epidemia de consumo.

La decisión responsable depende entonces de qué tan intenso sea el aumento del consumo al reducirse el precio de una droga; y sin embargo hoy por hoy infortunadamente no se conoce bien el valor de este parámetro, técnicamente llamado la “elasticidad-precio de la demanda” por drogas.

Nadie o casi nadie dice que el consumo de drogas sea bueno. Pero unas drogas son peores que otras, y no sería lo mismo una “epidemia” de heroína que ...

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Hernando Gómez Buendía

Columnista de El Malpensante. Es también director de la revista digital www.razonpublica.com.

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