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Columna

Verano

Una pausa, mar, sol y anaqueles repletos de malos libros sirven como pretexto para dedicar este elogio al arte de hacer nada.

"Todos los días son vísperas de algo."

JORGE DÍAZ

 

Ayer fue el día en que mi asueto veraniego tuvo la indecencia de llegar a su fin. Como todavía me encuentro en estado de negación, con el cerebro bronceado y la virginidad más completa acerca de lo que pudo haberle ocurrido al mundo en este lapso, no he sido capaz de escribir sobre alguna “cuestión palpitante” y tendrán que resignarse a leer, como legañosos profesores de primaria a la vuelta de clases, una composición sobre las vacaciones.

Las mías fueron de un mes completo, y la catalepsia mental en que sigo sumida debe tener que ver con que, por una vez, me las tomé en serio y no usé las horas del verano para editar algo ni para leer manuscritos ni para revisar los apuntes del libro que nunca voy a escribir; tampoco para tejer o retapizar o adelgazar, todos asuntos importantísimos que vivo posponiendo para cuando tenga tiempo. No, me fui tan completa y dedicadamente de vacaciones que las escasas veces que me asomé al correo electrónico veía los mensajes pasar con una abulia total, como si fueran para otra persona. “Lo siento –decía mi otro yo–, por mí te respondería, ya sabes que soy una contestadora patológica de e-mails, pero hoy algo me lo impide”. Qué esponjosidad se siente, debería hacerlo más a menudo.

¿Qué hice? Pues nada, de eso se trata. Por desgracia no me cuento entre las personas con energía que preparan excursiones, trazan itinerarios, se trasladan con equipamiento, conocen ciudades, se fijan metas para el viaje y consideran un triunfo volver agotadas porque eso significa que han aprovechado muy bien el tiempo: han llegado a lo más alto de un monte, han hecho mil quinientas cuarenta y ocho fotos, han conseguido una ganga con aspecto precolombino, han aprendido a hacer surf, se han amigado con el nativo sociable (siempre hay uno). No es que reniegue de la vacación exótica, no es que nada de eso me interese (el surf me interesa), pero digamos que soy inmune al fervor deportista de los demás, o más bien que tengo un pequeño problema con la idea de movimiento. Siento una atracción fatal por las superficies mullidas y horizontales, por la morosa siesta sin culpa, esa que se acomete tendidos de...

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Comentarios a esta entrada

Andrés Garrido

Según la lógica ridícula y regionalista de quien escribe, la gente en la Costa no lee. el articulo es atrevido e intelectualmente pendenciero

Su comentario

Andrea Palet

Dirige el Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Tiene una editorial que se llama Libros del Laurel

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