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Columna

A la caza de la inteligencia

Alan Turing fue el precursor indiscutido de la informática. No solo por eso vale la pena celebrar sus cien años de nacimiento.

Alan Turing, a los 16 años • © Cortesía alanturing.org

 

En la pasada columna, defendí la figura de la vicepresidencia pero de una manera digamos festiva, con tan mala pata que, un par de semanas antes de que se publicara, Angelino Garzón enfermó gravemente y estuvo a punto de morir. No se trató pues de una irreverencia de pésimo gusto, sino de una coincidencia lamentable. Entiendo que el vice aún no se ha recuperado del todo, lo que deploro de veras. Espero poder aplaudir pronto su pleno regreso a las canchas.

Dedicaré en contraste esta columna a una figura del pasado, no para curarme en salud, sino para contribuir con mi proverbial granito de arena a lo que creo constituye una gran conmemoración: el centenario del nacimiento de Alan Turing, el británico –aunque de identidad escocesa y en realidad nacido en la India– que contribuyó decisivamente a establecer al menos tres áreas de investigación: la ciencia de la computación, la criptografía y la inteligencia artificial. Las tres tienen en común las siguientes características. Primero, mantienen intacto todo su dinamismo. Segundo, algunas de sus más apasionantes preguntas de investigación permanecen abiertas. Tercero, han transformado tanto nuestra vida cotidiana que esta es inconcebible sin lo que ellas nos han aportado. De pronto la inteligencia artificial siga siendo la excepción...No la criptografía, ciertamente, cuyo nombre de hobby abstracto e inútil sirve de tapadera a un conjunto de herramientas sin las cuales montones de cosas que tomamos por dadas –comenzando por internet– no podrían funcionar.

La trayectoria vital de Turing es relativamente bien conocida. Gozó de talento precoz, y en 1936 escribió ya un artículo de gran importancia sobre las proposiciones indecidibles. Durante la Segunda Guerra Mundial aplicó sus conocimientos y su talento a romper el código por medio del cual la Alemania nazi transmitía sus informaciones internas. Después volvió a actividades académicas más tranquilas y rutinarias. Sin embargo, cu...

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Francisco Gutiérrez Sanín

Columnista de El Malpensante y El Espectador. Es profesor en el Iepri de la Universidad Nacional de Colombia.

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