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Columna

El control del comercio sexual

Tanto el tráfico automotor como la prostitución tienen matices particulares en cada país y momento. ¿Es posible calcar las formas de afrontarlos?

© Zave Smith | Corbis

 

En poblaciones cercanas a Bogotá, como La Mesa, el retorno de los puentes es escenario de enormes trancones. Hasta la fecha, ningún Goyeneche local ha propuesto imponer el pico y placa que ya lleva varios años soportando la capital.

En el centro de Amberes, Bélgica, también había un atasco que duraba hasta la madrugada: el peculiar tour d’amour. Como lo describe un vecino: “A las 4 a.m., el lugar seguía lleno de vehículos circulando lentamente, con tipos gritándoles a las mujeres que bailaban en las vitrinas”. En el siglo XVI, la congestión en Roma era causada por las cortesanas que salían a exhibirse en sus carruajes. “Ellas bajan las calles, vestidas con esplendor y atraviesan el Ponte Sisto con insolente gloria”.

Es de Perogrullo anotar que controlar el tráfico en cualquier lugar exige un diagnóstico certero de su dinámica. El remedio apresurado, la arbitrariedad, la evaluación amañada de los costos, agravan la dolencia, como nos consta a los bogotanos.

Para entrometerse en el comercio sexual no han faltado Goyeneches. El entusiasmo con los eventuales logros de leyes escandinavas les ha llevado a proponer la penalización, sancionando a los clientes. Pretenden que se controlen fenómenos locales con una herramienta en apariencia universal. Ignoran que la prostitución en distintos lugares y épocas es tan disímil como las causas de los trancones en Bogotá, La Mesa, Amberes o la Roma renacentista.

Hace una década, a la congestión de Amberes se sumaron las mafias que traían mujeres del este para las vitrinas. Nada hubiera favorecido más al crimen organizado que la penalización. La administración municipal decidió regular y resolvió algo más que el lío del tráfico.

Como en muchas ciudades, la zona roja de Amberes se consolidó alrededor de la actividad portuaria. En Ámsterdam, cuando se autorizó el comercio sexual en 1413, se justificó porque se trataba de algo “necesario en las grandes ciudades comerciales como la nuestra”.

Las guerras dejan monumentales desbalances demográficos que desde siempre han alimentado la prostitución. En 1189, la Tercera Cruzada zarpó con un barco ll...

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Mauricio Rubio

Columnista de El Malpensante y La Silla Vacía. Es investigador de la Universidad Externado de Colombia.

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