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Columna

Un martillazo para el amigo

Entre los muchos blancos de las críticas publicadas por Norman Mailer en Advertencias a mí mismo estaba su amigo el escritor James Baldwin. Un retrato de esa relación y de la compleja personalidad de Jimmy B.

James Baldwin y Norman Mailer, en 1978 © Bettman • Corbis

 

Despachos más o menos confidenciales de ese extraño país llamado literatura

Eran jovencitos los dos cuando se conocieron en París, en 1956, en un departamento abarrotado de gente, y los demás invitados les dieron espacio y se arracimaron alrededor esperando el gran enfrentamiento. Ninguno de los dos superaba el metro sesenta, pero uno era blanco y morrudo como un Kohinoor y el otro era un negro puro ojo, flaquito como una nena. Eran las dos mentes más brillantes y afiladas de su generación, y los dos lo sabían. Norman Mailer miró a James Baldwin y le preguntó si ser negro, pobre y puto era una ventaja o una desventaja como escritor. Baldwin le contestó con su famosa voz envolvente (Langston Hughes dijo una vez que Baldwin usaba las frases como el mar usa las olas): “Me he pasado la vida mirando al hombre blanco norteamericano igual que tú, Norman, tú para competir y yo para sobrevivir, pero los dos queremos lo mismo: joderlo bien jodido”. Se hicieron amigos al instante, para la decepción general. Mailer estaba escribiendo El negro blanco: decir que estaba interesado en la potencia sexual negra es poco (en sus páginas llegaría a afirmar que ese era el punto neurálgico del odio racial en su país), y en aquellos meses con Baldwin en París pudo hablar de lo que nunca antes se había atrevido a hablar con un negro, o con cualquier otro hombre.

 

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Juan Forn

Fundador de Radar, el suplemento cultural de Página 12. Su último libro se titula 'El hombre que fue viernes'.

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