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La esperanza según Mateo

Reseña de la película Mateo

 

Estábamos en el teatro, finalizaron los cortos y comenzó Mateo. Rodaron quince minutos de cinta, el tiempo estipulado por los manuales de cine de Robert Mckee para introducir una obra. Aproximadamente entre los minutos 16 y 17 se cortó por primera vez la proyección. Después de un par de segundos la imagen regresó. Dos minutos después el proyector se apagó de nuevo. No se veía ni se escuchaba nada; la gente empezó a chiflar y sus cabezas comenzaron a moverse en distintas direcciones en busca de una explicación. Parecía una broma de mal gusto o el capricho de un dios que odia al cine colombiano. A los cinco minutos la película revivió, y diez minutos después nuevamente desfalleció. El proyector volvió a funcionar y por tercera y última vez se apagó. Reapareció la imagen y de allí en adelante nunca más se fue. A pesar de los repetitivos fallos técnicos, nadie –ni una sola persona– dejó el teatro. Todos nos quedamos allí sentados esperando algo.

Mateo es el primer largometraje dirigido por María Gamboa, cineasta bogotana nacida en 1973 y con una larga experiencia en productos audiovisuales de corte llamémosle “social”. Estoy pensando en la serie Revelados, de Canal 13, que pretendía prevenir el ingreso de adolescentes al conflicto armado, y el documental Merquemos juntos, financiado por las Naciones Unidas, en el que describe el proceso para llegar al éxito de un banco comunitario en Barrancabermeja. Mateo se estrenó el 28 de agosto a nivel nacional en las salas de Cinecolombia y acumuló cerca de 4.000 espectadores en su primer fin de semana en 24 pantallas. Los Indestructibles 3, para marcar el contraste, registró más de 80.000 asistentes el mismo fin de semana en 169 pantallas.

La película se desarrolla en el Magdalena Medio, donde viven, conviven y se destruyen paramilitares, delincuentes comunes, bandas criminales, guerrilleros, activistas por los derechos humanos y curas. El protagonista es Mateo, un joven que ayuda a su tío, un extorsionista pseudoparamilitar, en el cobro de préstamos gota a gota a comerciantes locales. Como es usual en las zonas rojas, hay quienes enarbolan la bandera blanca de la paz y conversan de música, teatro y pintura. Mateo, influenciado por ellos, termina haciendo parte de un grupo de teatro colegial. Allí sus mo...

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Maria Cadavid

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Ha trabajado como asistente de curaduría y crítica de arte

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