Google+ El Malpensante

Blog

El hombre que cayó a la tierra colombiana

El próximo 2 de diciembre Cine Colombia presentará David Bowie Is, un recorrido por la retrospectiva del Victoria and Albert Museum sobre el músico británico. El autor da su opinión de esta particular experiencia audiovisual.

Fotografía de la instalación David Bowie Is • © Victoria and Albert Museum

 

“Los (norte) americanos son gente muy extraña: primero se escandalizan y luego te meten en un museo”, dicen que dijo Jean Cocteau, refinado escritor y cineasta que sabía tanto de los (norte) americanos, como de orfeos y camafeos. Pues parece que la reflexión no sólo es aplicable a nuestros hermanos del Imperio sino también a todo el mundo anglosajón. El mejor ejemplo se dio en el año 2013, cuando el elegantísimo Museo Victoria & Albert del suroeste de Londres se encargó de rendirle un homenaje en vivo a la obra de David Bowie, cuando el cantante, compositor, actor, diseñador y extraterrestre cumplía sus primeras 66 primaveras. Para algunos fanáticos con los ojos maquillados, se trataba de la claudicación de un contestatario y para otros, para los que no quisiéramos a Bowie en un museo sino encima de la columna de Nelson en Trafalgar Square, se trata del triunfo de la representación por encima de las veleidades de los establecimientos. David Bowie es el mejor ejemplo de cómo lo peor de la Gran Bretaña (sus jóvenes, sus hippies, sus músicos, sus drogadictos, sus travestis, sus actores, sus maricas, sus poetas) se convirtieron en lo mejor de sus fronteras y, gracias a especímenes como Ziggy Stardust, amamos Britannia, más allá de los pasaportes, de la arrogancia de sus gobernantes o de sus acorazados sobre las islas Malvinas.

Yo sé que ningún cinéfilo de mi generación mira con buenos ojos a Cine Colombia. Y sus razones de peso saltan al considerar a “la empresa” con la desconfianza con la que se valora a un padre que blande aún el látigo de la arrogancia. Pero, en los últimos años, cuando pareciese que el cine ha tenido que reinventarse para no morir en su efímera juventud de 120 años, Cine Colombia ha sacado inesperadas cartas de su manga, recurriendo a las nuevas tecnologías para que el público se diversifique, más allá del pop corn, de las imágenes de ciudad de hierro o de los promedios mínimos de asistencia. Entonces hemos decidido querer a Cine Colombia. Sé también que los puristas de la ópera no ven con buenos ojos las proyecciones en directo desde el MET neoyorkino, ni los teatreros de fusil al hombro “pierden su tiempo” con las versiones del National Theatre para la gran pantalla, ni los arqueólogos van a ver a Pompeya en el Centro Andino y también sé que los profesores de historia del arte se cubren con una máscara de hierro para ir a las transmisiones desde la Capilla Sixtina. Así somos los intelectuales del cuarto mundo. Sin embargo, yo miro con muy buenos ojos estos premios de consolación que nos regala el fin de los tiempos. Entre no ver el Ricardo III de Sam Mendes y verlo en el Avenida Chile con una señora al lado hablando por su celular, opto por la segunda opción. Qué le vamos a hacer. No puedo viajar a Londres todos los años y los aviones me producen impaciencia metafísica. Así que prefiero aplastarle en la cabeza el celular a la señora y gozar a Sam Mendes con intolerancia colombiana.

Ahora: una experiencia audiovisual a partir de la exposición Bowie del V & A Museum es un asunto aparte. Y no acepto discusiones. Si no quieren ir, no vayan. Pero no saben de lo que se pierden. Martes 2 de diciembre de 2014 a las 8 y 30 es la cita en Bogotá y otras ciudades colombianas. Única función. Después no digan. Pero sigamos. Guardo como un tesoro el catálogo de la exposición londinense del año pasado y pensé que se trataba de otra de esas extrañas excepciones que escondería en el baúl de mis incunables. Pero siempre se me olvida que estamos en el siglo XXIII, que ahora todo es rápido y todo es posible y que, de un momento a otro, los curadores de David Bowie is…, los muy eruditos Victoria Broackes y Geoffrey Marsh, estarían de cuerpo presente en Colombiatierraquerida guiándonos, sala tras sala, a través de los secretos de la exquisita retrospectiva. De hecho, el documental trasciende la visita, puesto que cuenta con testimonios únicos como el del diseñador Kansai Yamamoto o el del cantante de Pulp, Jarvis Cocker (hay otros, muchos otros, pero se los dejo a los futuros asistentes a las salas de cine para no salarles la sorpresa), quienes se encargan de recordarnos por qué Bowie es mucho más importante en la medida en que los tiempos se miden en cuenta regresiva.

Queridos amigos del mundo del teatro: David Bowie fue un discípulo del gran Lindsay Kemp (que visitó Bogotá en 1992, si ya se les olvidó) y su actitud sobre la escena es la de uno de los más grandes constructores de personajes del siglo XX. Amados artistas plásticos: no dudéis de un creador que se convirtió él mismo en su propia obra, hasta el punto de que cada uno de sus conciertos puede ser visto como la mejor de las instalaciones. Estimados colegas cinéfilos: si no han revisado ninguna de las 38 apariciones que nuestro héroe de los ojos de dos colores ha tenido en las pantallas, les comunico que revisen títulos como El hombre que cayó a la tierra, Furyo, El ansia, La última tentación de Cristo, Basquiat o Twin Peaks: allí no encontrarán a un inmenso actor sino a una diva, en el mejor sentido que tan desprestigiada palabra tiene en estos tiempos. Adorados músicos de clave de sol: cualquiera de los álbumes de Bowie (yo me quedo con Space Oddity, Hunky Dory, Aladdin Sane, Pin Ups, Scary Monsters, Let’s Dance, Tonight… en fin: con todos) es una experiencia que va más allá de cerrar los ojos y subir el volumen: la belleza de cíclope y el misterio de sus dientes saltan sin clemencia sobre nuestros oídos hasta convertirnos en sus derrotados feligreses. Todos a una: si no tenían ni idea que un tal David Bowie había caído a nuestro planeta extinto, les recomiendo el documental que nos envían, como una eyaculación precoz, desde el Victoria & Albert. Si ya lo conocen, si han copulado con Bowie y han probado las mieles de su dicha, es recomendable que vayan escogiendo sus mejores prendas y acudan a la ceremonia.

Advierto que generar demasiadas expectativas puede resultar frustrante. Ya me ha pasado. Por eso, mejor callo y dejo que cada cual se interne en el Museo Victoria & Bowie como mejor le parezca. El gran problema del pasado es tener que vivirlo a través de cristales irrompibles. Pero es preferible la reconstrucción que la amnesia y, en el caso de un maniquí intergaláctico, de una muñeca inflable que canta canciones de Brecht, en el caso de una estrella que se esconde para siempre y sólo nos deja la confusión de su laberinto, es mejor asistir con las sienes tranquilas y, como en la noche del sacrificio, relajarse y gozar. De esta manera, podremos ser héroes, al menos por un día.

Página 1 de 1

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

Septiembre de 2013
Edición No.145

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Los hombres me explican cosas


Por Rebecca Solnit


Publicado en la edición

No. 164



Una especie de autoridad intelectual masculina, basada exclusivamente en el género, es una de las formas más sutiles y a la vez violentas de discriminación hacia las mujeres. Para [...]

Elogio del menosprecio


Por Christy Wampole


Publicado en la edición

No. 153



Comentarios exaltados, tuits furiosos, alaridos digitales. Vivimos en tiempos de indignación masiva. Sin embargo, aparte de amargarnos la vida, generalmente no cambiamos nada. ¿Existe al [...]

Vampiros en Cartagena


Por Luis Ospina


Publicado en la edición

No. 101



¿Qué puede salir del encuentro entre tres cinéfilos reunidos para hablar de lo que más les gusta? Esta desempolvada entrevista puede ofrecer una respuesta. [...]

Científicos burócratas


Por David Graeber


Publicado en la edición

No. 151



Los centros de investigación en ciencia y tecnología han copiado en mala medida los vicios del mundo corporativo. El resultado es que el quehacer de la actividad científica transc [...]

Columnas

La comba del palo

El control del comercio sexual

En uso de razón

¿Qué hay de nuevo en WikiLeaks?

Paseos citadinos

Paseo cartagenero por una Manga sin mangos

El arte del trapecio

Razones y tradiciones

No lo veo claro

Mary Roach y sus cadáveres fascinantes