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Ficción

El puente

Traducción de Henry Ficher

Un cuento de Tim Keppel

Ilustración de Vèlia Bach

 

Era una bochornosa media mañana en Cali, de cielo azul brumoso. Vendedores en los semáforos ofrecían burbujeros, molinetes, chupetines. Raudo en su moto, Julio iba camino a su tercer trabajo del día –ya había destapado una cañería en una casa y arreglado la caja de fusibles en otra– cuando vio algo adelante, sobre el puente.

Una mujer joven estaba trepando la baranda amarilla. Levantó una pierna, luego la otra, y se sentó ahí a mirar los carros que pasaban veloces abajo. Julio redujo la velocidad, luego se detuvo y se bajó de la moto. La mujer, de suntuosa piel oscura, brazos esbeltos y pelo largo indio, parecía ajena a lo que ocurría a su alrededor.

–¿Todo bien? –preguntó Julio.

El tráfico pasaba indiferente. El aire olía a pavimento caliente, a smog y fruta podrida de un camión de basura. Aferrándose a la baranda detrás de ella, la mujer se levantó.

­–¡Oiga! –gritó Julio, agitando los brazos.

De repente soltó la baranda. Julio se quedó sin aliento. En el peldaño más bajo, con los talones enganchados en la baranda, se enderezó y se inclinó hacia afuera, con el pelo ondeándole al viento.

Alguien vociferó:

–¡Se va a tirar!

–¡Espera! –gritó Julio, acercándose.

La mujer se inclinó hacia la luz del sol, como un mascarón de proa.

–Tengo que decirte algo.

–Váyase –dijo la mujer.

Entonces se escuchó a la distancia una sirena. La mujer se tensionó.

–¿Por qué no vienes conmigo? –preguntó Julio–. Antes de que lleguen los tombos.

La sirena se escuchaba más cerca. La mujer se tambaleó por un momento, luego volvió a agarrarse de la baranda. Cuando empezó a bajar, algunos de los curiosos aplaudieron.

Julio la ayudó a subirse en la parte trasera de su Yamaha y arrancaron. Consciente de las manos de ella aferradas a su cintura, gritó por encima del motor:

–¿A dónde te llevo?

Del otro lado del separador dos patrullas pasaron veloces en dirección contraria, haciendo sonar las sirenas.

Tres cuadras m&...

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