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Viajes

Visita no guiada a la academia a la Academia de Platón

Al parecer, las agencias de viajes aún no han comenzado a explotar al máximo el potencial de esa rareza ñoña y aventurera que podría llamarse de manera vergonzante “turismo filosófico”. Una joven adepta a esta práctica se expone a las vicisitudes que implica buscar las huellas materiales de algo que habita en el mundo de las ideas.

© intervención de Marcianita Barona sobre mapa de greekguide

 

Llevaba más de una hora caminando por las calles de Atenas. No sabía dónde estaba y no tenía cómo saberlo. Preguntar siempre ha sido para mí la última opción, pero estaba sola, mi teléfono se había descargado y me encontraba en el margen del mapa que llevaba conmigo. Me llené de valor y le pregunté a la cajera de un pequeño Carrefour si sabía dónde estaba la Academia de Platón. Ella me miró con extrañeza y me dio a entender en griego que no hablaba inglés y que, si no iba a comprar nada, por favor dejara avanzar la fila. Los griegos no son siempre las personas más amables del planeta, y la antipática respuesta me hizo sentir aún más perdida y vulnerable.

Febrero de 2016. Acababa de terminar séptimo semestre de filosofía, el primero de mi intercambio. Desde el comienzo de la carrera en la Universidad Nacional, sentada en una incómoda silla, rodeada de paredes blancas grafiteadas, había sentido cómo Platón y Aristóteles cambiaban mi vida. La ilusión de la Grecia Clásica me alcanzó de nuevo en medio del eterno invierno alemán. Ingenua o infantil, quizá hasta cursi, sentí la necesidad de emprender el viaje. Como tal vez les pasa a los fans que amanecen a la espera de un concierto o a los seguidores del fútbol que hipotecan la casa para ir a un Mundial, me endeudé para caminar por las mismas calles que mis ídolos filosóficos habían recorrido veinticinco siglos atrás, aun sabiendo que tendría que lavar platos todo el verano para compensarlo.

Marzo de 2016. Después de almorzar había salido del barrio Monastiraki con un mapa turístico precario, determinada a encontrar los restos arqueológicos de la Academia de Platón que, según Google, se conservan en un parque contiguo a la calle Platonos, no muy lejos del pintoresco vecindario ateniense donde me encontraba. Había verificado y, efectivamente, al noroccidente de la calle mencionada aparecía una zona verde con el nombre “Akadimia Platonos Square”. Supuse que se trataba del parque. El mapa s...

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Viviana María del Mar Castiblanco

Es parte del equipo editorial de El Malpensante. Actualmente cursa la maestría en filosofía de la Universidad Nacional.

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