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Entrevistas

Rojas Herazo

Un árbol que busca su patio

Hace diecisiete años, un entonces joven periodista llegó a Bogotá a conocer a uno  de sus escritores más admirados. Ese diálogo se convertiría en la última entrevista concedida por Héctor Rojas Herazo, un año antes de morir. El autor y su interlocutor encuentran un amable resguardo poético, lejos de las raíces caribeñas de ambos.

© Dairon Quezada Fernández

 

La preocupación más grande de Héctor Rojas Herazo es saber que su teléfono está dañado. Observa el aparato desde un viejo y grueso mueble de cuero. Su único deseo es que de un momento a otro vuelva a sonar.

Ahora que su cuerpo resulta demasiado pesado para la fuerza de sus piernas, sus salidas por la capital se han reducido; el teléfono le resulta imprescindible para tener noticias de sus amigos. Tiene en mente el nombre de uno de ellos: Gustavo Ibarra Merlano. Hace diecisiete días que no sabe nada de él, y está desesperado.

 –¡Carajo! y... ¿cuándo van a arreglar ese aparato? –pregunta a Rosa Isabel, su esposa, a quien con dulzura llama “la niña Rochi”.

–Ya llamé... pero no han venido –responde ella, mientras desenreda una madeja de lana sobre su falda.

–¡Mami! y... ¿cuándo carajo van a venir? –dice el maestro con voz ronca y profunda.

–Tú sabes mijo que aquí en Bogotá no le hacen caso a nadie. Hay que esperar.

Rojas vuelve su mirada impotente, triste, hacia el teléfono. Levanta sus dos manos y se cubre la cara, estira sus cachetes de ochenta años y exclama: “¡Qué vaina, carajo!”. Y su fuerte voz deja un silencio que nadie se atreve a interrumpir.

Desde mi llegada a Bogotá he llamado varias veces a la casa de Rojas Herazo. Nadie responde. Pienso: “Quizá no esté. Quizá escribe los últimos versos de un nuevo poema. Quizá corrige los párrafos de un viejo cuento. Quizá mezcla ocres y negros para una nueva obra... Y no desea responder. Quizá lee el libro de algún joven poeta costeño, de esos que llegan a la capital y pasan a saludarlo. Quizá relee algún libro de Azorín, Faulkner, o repasa los versos de Edgar Lee Masters, o prepara una nueva exposición de sus pinturas... y no quiere responder. Mejor ir a buscarlo.

Una mañana, durante una entrevista en la Feria del Libro, le comenté al escritor Pedro Badrán Padauí mi intención de dialogar con Rojas Herazo.

–¡Ve con tranquilidad! –dijo, y enseguida advirtió–: El peligro de conversar con Rojas es que al final él termina preguntándole todo a uno.

El día que decido ir a b...

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David Lara Ramos

Docente de periodismo de la Universidad de Cartagena. Colabora habitualmente para el suplemento Latitud de El Heraldo y el diario Fénix de España. Recientemente Collage Editores publicó su compilación de crónicas El dolor es volver (2017).

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