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Música

Los discos de Machuca

Psicodélico, selecto, atípico y cosmopolita, así es el ADN del catálogo de uno de los sellos disqueros colombianos más codiciados por coleccionistas de todo el mundo. Casi por accidente, Humberto Castillo y Rafael Machuca acabaron embarcados en una fértil y efímera aventura musical, que dio vida a cientos de discos protagonistas de verbenas e insomnios melómanos.

 

En los alrededores del viejo Estadio Romelio Martínez de Barranquilla, sobre la avenida Olaya Herrera, se encuentra ubicada la Plaza de los Músicos de la calle 72. No es un antro para iniciados al que se ingresa con santo y seña. Es, más bien, un lugar emblemático y popular de la arrebolada vida nocturna barranquillera, donde los trasnochadores sin ley van en la búsqueda de un improvisado recital de boleros o vallenatos.

Allí, en una especie de ritual que se viene repitiendo desde principios de los años setenta, los nobles serenateros –músicos silvestres, provincianos en su mayoría– han aguardado pacientemente el arribo de parroquianos espontáneos mientras, con algo de resignación, fijan sus ojos en la televisión o matan las horas jugando una partida de dominó. En esas andaban los anodinos Hermanos Caraballo cuando, una noche de 1975, Rafael Machuca y Humberto Castillo irrumpieron en su cotidiana liturgia.

Solicitaban, como es de suponerse, a un grupo de vallenato que se hiciera cargo de una parranda. Quiso la casualidad, tan minuciosa e inexorable, que el turno de trabajo les tocase a los Caraballo. Lo que no sabían ellos, ni tampoco el par de noctámbulos, era que el encuentro les supondría a los hermanos salir del anonimato y quedar inmortalizados en uno de los capítulos más inquietantes de la música tropical colombiana: al término de la trascendental jornada, devenida en un viaje fortuito a través de Barranquilla, Santa Marta y Bogotá, envalentonado quizás por la farra épica, Rafael pactó con ellos la grabación de un sencillo de 45 rpm que, sin premeditación alguna, habría de inaugurar el extravagante, visionario y breve catálogo del sello Machuca.

 

Rafael y Humberto, los futuros socios, eran amigos por cuenta de Zenaida Salazar Rivera, hermanastra de Castillo y esposa de Machuca. Diestro administrador de empresas y abogado experto en derecho tributario, por esos años Rafael se desempeñaba como subdirector de la dian, todo un contrasentido si tenemos en cuenta que su tendencia ideológica jalaba hacia la izquierda. Volcado también al mundo de las artes, resulta curioso que hasta el día de su encuentro con Los Hermanos Caraballo la música le fuera indiferente: “Nu...

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Luis Daniel Vega

Toca la batería en Los Sabroders y Las Pegastick. En 2009 ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría mejor programa cultural en radio

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