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Iceberg

El último soldado de Nariño

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© Colección Museo Nacional de Colombia

 

El público suele asociar las exposiciones históricas con una cierta solemnidad patriótica, por lo general fuente de bostezos. No sucede así con “El reino frente al rey”, la muestra curada por el historiador antioqueño Daniel Gutiérrez Ardila, que por estos días puede verse en el Museo Nacional de Colombia. El subtítulo es importante: “Reconquista, Pacificación, Restauración. Nueva Granada (1815-1819)”. Aparte del material, que está muy bien seleccionado y contiene un amplio componente visual, Gutiérrez Ardila introduce ideas muy polémicas, como la de jubilar los conceptos “Patria Boba” y “Reconquista”. Si alguien quiere una expansión de esta discusión, puede leer La Restauración en la Nueva Granada (1815-1819), un libro del propio Gutiérrez Ardila publicado por la Universidad Externado de Colombia.

En otra ocasión podríamos albergar aquí este debate, pero ahora nos interesa comentar un retrato sobresaliente incluido en la muestra, que reproducimos en esta página y que lleva el misterioso título de Dimas Daza, último soldado de Nariño. El retratado es más importante que el pintor. Por lo que se sabe, este era José Eugenio Montoya, nacido en Rionegro en 1858, un artista correcto pero inexpresivo. Su retrato oficial más conocido es el que le hizo al presidente Manuel Murillo Toro. Se especializó en próceres, a los cuales insufló poca vida. Era un artista académico. Una vez salido de escena, Montoya dejó de interesar hasta el punto de que no encontramos datos sobre su muerte.

Dada la misma medianía de Montoya, sorprende la vivacidad del retrato que le hizo a Daza. Se detiene a mostrarnos, por ejemplo, que el veterano soldado era tuerto –algo que sería raro en la imagen en un prócer célebre–, y que tenía el pelo largo, rasgo exótico para la época. Vemos incluso que Daza tenía un lunar protuberante en la mejilla izquierda. Uno diría que por una vez Montoya se esmeró en detallar cuidadosamente la realidad, tal vez conmovido por la imagen entre digna y patética del viejo soldado.

De Dimas Daza se sabe incluso menos ...

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