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Ciencia y tecnología

Doctor Cheyne:

Ebrio, melancólico y glotón

Médico sin estudios, pero con diploma, George Cheyne fue un obeso promotor del vegetarianismo y de las curas termales en la Inglaterra del siglo XVIII. Hombre de tabernas, afectado por el “mal inglés” de la melancolía, escribió tratados y propuso dietas para combatirlo.

 

Ilustración de Daniel Senior

 

Se necesitaron varios hombres para levantar el cuerpo del difunto y respetado doctor Cheyne, quien, cubierto por las sábanas blancas, parecía un iglú. Ya comenzaban a salir las primeras hojas de la primavera de 1743. Cheyne pesaba doscientos kilos, vivía en una casa inmensa en la ciudad inglesa de Bath, uno de sus libros había sido traducido a siete idiomas y su único hijo varón estudiaba en Oxford. Era, pues, lo que se suele llamar “un hombre de éxito”. Seguía una estricta dieta de leche, vegetales y no más de un litro y medio de vino al día. Aunque algunos hombres notables de aquel tiempo respetaban sus teorías (Newton, Berkeley y Sterne tenían obras suyas en sus respectivas bibliotecas), su consejo de comer solo vegetales para conservar la salud no fue ajeno a los dardos del puntilloso genio inglés: así, un libelo firmado por un “miembro de la Royal Society” se burlaba del “Dr. Dieta”; un texto anónimo, “Carta a George Cheyne”, lo criticaba por su falta de preparación profesional; y un tal Pillo-Tisanus firmaba una “Epístola a George Cheyne” en la que, en versos, se burlaba del régimen prescrito por el doctor: “Como mi médico, te agradezco / Pero, ¡ay!, en la cocina te aborrezco”.

 

Cheyne había nacido en Aberdeen (Escocia) en 1671, cuando la peste negra todavía arrasaba con ciudades enteras. Hacía parte de una familia modesta que compartía el rango de los hijos de profesionales, los magistrados y los terratenientes menores, de modo que, como cualquier hijo de la clase media, su vida parecía destinada a la regularidad trivial, lejos de las penurias de los pobres pero también de los placeres refinados de los ricos. Sus padres lo animaron en su juventud a seguir los oficios eclesiásticos para que pudiera ascender rápidamente en la escala social, pero Cheyne desoyó la invitación y se inclinó, en su lugar, por la medicina. Así recordó el doctor sus primeros años:

 

Nací de padres saludables, en la flor de sus vidas, pero inclinado a la corpulencia por una parte de mi familia. Pasé mi juventud en con...

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Santiago Gallego Franco

Es profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín.

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