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La Bienal Vargas Llosa renace y se muda

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El Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que debió recibir libros hasta noviembre de 2017 y fallar en abril pasado, pareció por un tiempo desaparecido en combate. Su alma, vida y sombrero, el escritor canario Juan Jesús Armas Marcelo, conocido como Jota Jota o JJ, director de la Cátedra Mario Vargas Llosa, guardaba un ominoso silencio, por lo demás inusual en el más caribe y conversador de los escritores españoles del último medio siglo. Era una verdadera lástima porque la bienal constituía el único certamen de prestigio internacional diseñado para premiar libros publicados en español. Su antecedente era el Premio Rómulo Gallegos, que el chavismo primero sesgó ideológicamente y luego aniquiló sin piedad. Quedan algunos premios nacionales para libros publicados en este o aquel país, pero nada que cubra la totalidad del ámbito del idioma.

Hay que enfatizar en lo importante que es un concurso para libros publicados, como contrapeso a la dudosa tradición, instaurada muchos años atrás por Carlos Barral y luego asumida con furor por Planeta y otras editoriales españolas, que premia manuscritos, es decir –y valga la redundancia–, libros inéditos. El verdadero destino de un manuscrito es pasar a las manos acuciosas, críticas y cuidadosas de unos editores, en casas grandes, inmensas o pequeñas, que ayuden a pulirlo, rehacerlo, modificarlo y ponerlo a punto antes de que ningún extraño le ponga los ojos encima. En teoría, todo este proceso tradicional y necesario se pretermite cuando un autor manda su mamotreto a un concurso. Además, como son miles los manuscritos que flotan huérfanos en un idioma que, mal que bien, hablan 450 millones de personas, se deben poner filtros de lectura para evitar que los jurados se pasen la vida sepultados en papel, filtros que invitan con frecuencia a las sospechas, fundadas o no.

Creada en 2014, la bienal fue una iniciativa de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y diez universidades españolas. Las dos versiones anteriores llamaron mucho la atención pues premiaron libros inesperados. Primero ganó Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), del escritor español Juan Bonilla, y luego Si te vieras con mis ojos (Alfaguara), del chileno Carlos Franz.

Si no se sabía nada de la bienal era porque por debajo se estaba tejiendo una cuidadosa urdimbre para trasladarla de Lima &ndas...

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