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Nueva historia del sexo y los celos

Dos movimientos instintivos, animales: el sexo, tradicionalmente descartado como indecente; los celos, ejercidos hasta el abuso, y ambos asociados con lo irracional. En una especie de reivindicación que raya con lo metafísico, el autor demuestra que nos contaron todo mal, y que ambos impulsos son la base de nuestra vida mental.

Según El banquete de Platón, Eros fue concebido por Poros (la abundancia) y Penia (la pobreza) en el cumpleaños de Afrodita. Desde entonces no puede haber deseo sin carencia, sin privación de la cosa deseada; no puede haber plétora sin escasez como antesala. El deseo exige un espacio vacío en nosotros para poder anticipar el objeto deseado, de la misma forma en que solo se puede inhalar aire si falta la misma cantidad en nuestros pulmones.

La representación o el recuerdo de lo que da placer es lo que atiza el apetito, lo que potencia el deseo. Este es como un molde vacío, una sombra recortada por la luz del objeto, una silueta que perfila detalladamente la cosa anhelada: un émbolo que conoce el líquido que le falta y lo restituye con la atracción de su vacío. “Llevamos en nosotros –dice Pascal Quignard en El sexo y el espanto– el desconocimiento de haber sido concebidos... y nunca podemos ver esa cosa que se mira a la vez... Venimos de una escena en la que no estábamos. El hombre es aquel a quien le falta una imagen... es una mirada deseante que busca una imagen detrás de todo lo que ve”.

Sin embargo, el erotismo no habría podido desarrollarse solamente a través de la tensión entre el deseo y la ausencia del objeto ni entre el individuo y la imagen del objeto deseado, pues de ese modo nuestras relaciones sexuales hubieran rebasado el plano reproductivo de los animales y alcanzado cierto espesor erótico, pero no la altura de la pasión amorosa. Se necesitaba algo más para que el hombre imaginara minuciosamente al otro por fuera y por dentro. Según Georges Bataille era necesaria la prohibición del objeto sexual, el sentimiento de lo prohibido; solo entonces el hombre habría estado en capacidad de perfilar internamente la imagen amada y profundamente deseada del otro.

El erotismo (Bataille lo llama hermosamente “la promesa de la vida”) es al sexo lo que la aceleración al movimiento: una acción a otro nivel, un acto operando sobre otro que ya está en escena y lo trasciende. Para que el sexo lograra una aceleración erótica y una dimensión amorosa, requería una fuerza externa que le sirviera de palanca y lo impulsara a otros ámbitos, a otras órbitas.

Como el sexo no es o no tendría que ser imposición, fuerza vertical, dominio, poder,...

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Paul Brito

Su libro El proletariado de los dioses (Collage Editores, 2016) estuvo nominado al Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana. Colabora con El Tiempo, Arcadia, El Heraldo y El Malpensante.

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