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Ficción

Canelones

Un relato

Ilustraciones de Sako Asko

A las bromas telefónicas las llamábamos “cachadas” y eran tan antiguas como el teléfono. Había una gran variedad de métodos, pero casi todos tenían como objeto molestar a un interlocutor desprevenido, sacarlo de las casillas, desubicarlo. Con el Chiri nos convertimos en expertos cuando promediábamos el secundario. Éramos magos al teléfono. Pero entonces ocurrió una desventura que nos obligó a abandonar el profesionalismo. Una historia que aún hoy nos recuerda que llevamos la maldad dentro del cuerpo.

Empezamos, como todo el mundo, siendo niños. Cuando los teléfonos eran negros, a disco y del Estado. Las primeras cachadas infantiles siempre tienen como víctimas a personas que se apellidan Gallo (nadie sabe por qué, pero es así). En la guía telefónica de Mercedes había nueve y las llamábamos a todas, una por una.

–Hola, ¿con lo de Gallo?

–Sí –decían del otro lado.

–¿Está Remigio?

–Acá no vive ningún Remigio.

–Disculpe, entonces me equivoqué de gallinero –y cortábamos, muertos de la risa.

Existían docenas de estas bromas básicas, y siempre nos las copiábamos de hermanos mayores o primos que ya se dedicaban a otras más elaboradas. Como se comprende, las primeras incursiones en el oficio buscaban solo la propia risa: una carcajada limpia que no causaba grandes molestias a la víctima.

Ah, ojalá nos hubiésemos quedado en ese punto muerto de la infancia, donde no existen la maldad y la culpa. Pero no: debíamos avanzar, y avanzamos.

En los pueblos chicos siempre circulan rumores, informaciones y datos sobre la existencia de vecinos propicios a las cachadas. Vecinos a los que llamábamos “chinches”. Se trataba de una clase de señor mayor que, ante una broma telefónica, desataba toda la fuerza de su ira y era incapaz de colgar el teléfono. Alrededor de los diez o doce años, nos llegó una información de primera mano: había que llamar al señor Toledo y decir la palabra clave.

–Hola, ¿hablo con lo de Toledo?

–Sí.

–¿Está “cornetita”?...

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Hernán Casciari

(Mercedes, Argentina, 1971). Autor de numerosos blogs y editor de la revista Orsai. Sobrevivió a un infarto y volvió a Argentina, lo que le dio el tema para su último libro: El mejor infarto de mi vida (2018).

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