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Un jardín por entregas

El herbario de Rosa Luxemburgo

Durante sus ratos libres, y en sus largas épocas de encarcelamiento, la polémica pensadora marxista se distraía coleccionando hojas y flores. En sus cuadernos botánicos registraba, con el mismo vigor que mostraba en su teoría política, el discurrir de la vida vegetal que el viento arrastraba hasta su celda.


Hierba de san Juan. Junio de 1913. Cuaderno VI.

 

Para Matilde de los Milagros,

por elegir siempre la primavera.

 

 

Enero. De un culatazo en la cabeza. La derribaron a la salida del Hotel Edén de un culatazo en la cabeza. La acompañaba Karl Liebknecht, con quien había fundado el Partido Comunista alemán dos meses atrás. Los montaron en un camión de los Freikorps, donde les dispararían minutos después, acusados de ser detractores de la república y traidores de una patria que nunca fue suya. A ella la arrojaron al canal Landwehr de Berlín. Era 1919. Tuvieron que pasar seis meses para que encontraran su cuerpo hinchado, irreconocible.

5 de marzo de 1871. Pocos días antes de que estalle la Comuna de París, nace Rosa en el Zarato de Polonia (Polonia rusa). Durante 47 años –una procesión de inviernos en el exilio, persecuciones y censura en el vientre de la Europa anterior y posterior a la Gran Guerra– agitó la tribuna zurda del mundo. Luxemburgo fue una de las grandes lectoras y teóricas del marxismo, una lúcida crítica de la Revolución de Octubre y la Revolución rusa en general, y ante todo una de las grandes pedagogas del incipiente socialismo polaco-alemán, a lo que se sumaba una férrea oposición a la pena de muerte, la simpatía por la objeción de conciencia en el servicio militar, y su enemistad declarada por cualquier manifestación patriotera y chovinista. Rosa encarnó a la vez a una militante defraudada y polémica, a una saboteadora de sí misma y a una mujer impertinente, lo que le mereció el rechazo de algunos sectores del Partido Socialdemócrata. Pero tiempo después esto le daría un lugar entre los anarquistas como lectura obligatoria –suponiendo que se pueda obligar a un anarquista a hacer algo–.

SEMILLAS ESQUIVAS

Los textos, cartas y debates de Rosa, así como los tediosos y crueles encarcelamientos sucesivos, ya son bien conocidos e incluso han sido materia del cine, pero el herbario que la acompañó casi toda la v...

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Lina Alonso

Hace parte del equipo editorial de El Malpensante. Ha colaborado con Vice, Razón Pública y El Espectador.

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