(1960) es escritor de planta del New Yorker. Su último título, The Assassins’ Gate: America in Iraq, fue escogido como uno de los mejores libros de 2005.
Lagos, la principal ciudad de Nigeria, vive inmersa en un perpetuo huracán. Basura, corrupción y hacinamiento son allí el pan de cada día. Su desastre es el espejo deformador en el que deberían mirarse, para ver sus dolencias magnificadas hasta el delirio, las metrópolis del Tercer Mundo.
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