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Iceberg

Una cuestión de anonimato

Iceberg: Una cuestión de anonimato
Edición N° 127

N° 127

Febrero de 2012[ ver índice ]

El pasado 29 de diciembre, mientras compartíamos un par de artículos findeañeros con nuestros seguidores en redes sociales y revisábamos los comentarios en nuestra página web, nos dimos cuenta de que Anonymous nos había hackeado. En vez de la nota destacada en el home de elmalpensante.com, lo que se veía en las pantallas era la versión española del grito de guerra ya famoso en todo el mundo:

“somos anonymous,
somos legión,
no perdonamos,
no olvidamos,
espéranos”.

La cosa nos dejó perplejos. ¿Qué habíamos hecho o escrito como para que Anonymous nos pusiera en la misma lista del FBI, Sony Entertainment o los gobiernos de Francia y Estados Unidos? Desconcertados, resolvimos el problema, muy menor, en pocos minutos, y comentamos la situación en Facebook y Twitter, invitando a los responsables de ese acto a que nos explicaran los motivos del mismo.

Anonymous Operation Colombia se pronunció de inmediato. Rechazó el ataque y dijo que, si bien lo habían refrendado en sus cuentas oficiales de Facebook y Twitter, se trataba de un hecho aislado, cometido por alguien que ya nada tenía que ver con ellos. “Acciones como la sucedida esta mañana las lleva a cabo una persona que publica eso a nombre de Anonymous y por un problema de comunicación entre los diferentes admin se público esa información”, tildes más, tildes menos, eso escribió José Luis Goethe Punto, integrante de Operation Colombia, en nuestro muro de Facebook. Su comentario cerraba diciendo: “Repudiamos esa acción y ofrecemos disculpas, no tenemos motivo alguno para atacar a una revista cultural, ni de censurar ningún medio, no es parte de los ideales Anon”.

Sobra decir que aceptamos las disculpas de José Luis Goethe y de Operation Colombia, y que presumimos la buena fe del grupo en este incidente. Al fin y al cabo, aunque Anonymus carece de una declaración oficial y única de sus principios, en todos los videos, decálogos y entrevistas que les hemos leído siempre dejan en claro que ellos promueven “la libertad de pensamiento como escudo ante el dominio por la ignorancia”.

De acuerdo. Ustedes y nosotros coincidimos en ese y otros puntos. Sin embargo, queremos aprovechar la ocasión para plantearles algo que viene rondando nuestras cabezas desde hace algún tiempo: la posibilidad de que ustedes se estén pareciendo cada vez más a lo que detestan.

No hace mucho, durante el anuncio de los nominados a los Premios Goya en España, una facción de Anonymous reveló un documento con fotos, números de teléfono, direcciones y correos electrónicos de un grupo de personajes del cine y la televisión que habían expresado recientemente estar a favor de la ley antipiratería. El ministro español de Cultura, José Ignacio Wert, figuraba de segundo en la lista, y junto a sus datos estaban los de un hermano suyo. Allí también aparecían el actor Carlos Bardem, el productor Agustín Almodóvar, el músico David Bisbal y la ex ministra española González-Sinde. El documento remataba con una frase que pretendía poner a la gente a tragar saliva: “Tenemos mucha más información almacenada en lugares seguros. Hemos creído correcto no publicar datos de personas no relacionadas con la ley Sinde y Wert, pero si, en el futuro, dichas personas cambian de posición o hacen algo que creemos merecedor de castigo, toda nuestra ira caerá sobre ellos”.

Tal vez ustedes no lo estén advirtiendo, pero esas palabras se pueden homologar con las de cualquier jefe mafioso o las de cualquier comisario fascista. En ellas no solo se revela un absoluto desprecio por las opiniones de quienes no piensan como ustedes, sino que traslucen un desdén mayúsculo por el estado de derecho. Y, disculpen que se los recordemos, pero la libertad de expresión se utiliza precisamente para proteger a quienes no están de acuerdo con uno, de igual modo que las leyes están para impedir que cualquier paisano decida hacer justicia en sus propios términos.

En esta revista hemos reconocido con todas las letras la complejidad que proyectos como la Ley Sinde, PIPA o SOPA encierran; somos partidarios de que las leyes del copyright deben revisarse por completo, volverse menos policivas y adecuarse a los vertiginosos cambios del entorno digital. Sin embargo, no por ello nos comportamos como cualquier matoncito de escuela. Aunque no estemos de acuerdo con los promotores de las leyes antipiratería, defendemos su derecho a expresar cualquier idea sin ser miserablemente intimidados.

En el mismo sentido, consideramos que puede confiarse en los jueces a la hora de resolver los mil y un conflictos derivados de internet. La práctica ha demostrado que esa pretensión no es ingenua y que la justicia dista de favorecer a uno solo de los bandos en disputa. Pablo de Soto, creador de una red de intercambio de archivos en España, acaba de vencer en juicio a las discográficas que lo habían demandado por trece millones de euros y el holandés Bram Van der Kolk, jefe de programación de Megaupload, fue puesto en libertad provisional por un tribunal de Nueva Zelanda. Es decir, aunque los representantes del gobierno o de las multinacionales discográficas o cinematográficas pretendan criminalizar algunas iniciativas de la red, nada garantiza que la justicia les conceda la razón o que sus pretensiones sean drásticamente disminuidas antes de convertirse en artículo de ley.

Así las cosas, en vez de estar presentando disculpas, nos parece que la ocasión resulta ni pintada para que nuestros amigos de Anony-mous despejen algunos interrogantes. Primero: si en verdad apoyan ustedes la libertad de expresión, ¿están dispuestos a repudiar actos como los cometidos en la velada de los premios Goya? ¿Piensan que los tribunales serán imparciales al momento de sentar jurisprudencia o, según se han pronunciado hasta la fecha, asumen que el estado de derecho solo favorece el interés de las grandes corporaciones? ¿Tienen propuestas para reformar las leyes sobre copyrigth o simplemente consideran que en la web todo, sin distingos, debe ser gratis?

De paso, si lo anterior no los ocupa demasiado, también nos gustaría que respondieran a algunas preguntas laterales. Por ejemplo: ¿si un hacker publica a nombre de Anonymous, aunque no profese los ideales de la organización y no cuente con su respaldo, ¿es o no es parte de ustedes? ¿Cómo corrigen esos desafueros? ¿No valdría la pena, en aras de prevenir desmanes de ese estilo, ser mucho más taxativos en lo que Anonymous pretende?

Sabemos que ustedes mismos se hacen estas preguntas. En los últimos días varios activistas de Anonymous han dicho que desaprueban por completo la filtración de información privada. Sin embargo, también sabemos que no pocos consideran que ése apenas debe ser el preámbulo de acciones más radicales y que no se detendrán hasta no haber completado sus objetivos.

Para contestar a esas preguntas no tendrán que tumbarnos por segunda vez la página. Gustosos, publicaremos lo que tengan que decir al respecto e intentaremos que de allí salga un diálogo productivo. Nosotros sí creemos en la libertad de expresión.

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