elmalpensante.com - Lecturas paradójicas

Edición N° 80

N° 80

Agosto - Septiembre de 2007[ ver índice ]

 

Homo sapiens
Antonio Vélez
Villegas Editores
Colombia, 2006

 

Las convicciones son más peligrosas para la verdad que las mentiras.1 
—F. Nietzsche
 
A veces es difícil entender que en las sociedades contemporáneas, en medio del asombroso progreso de la ciencia y la cultura, insistan en sobrevivir y persistir con tanta fuerza males endémicos como la guerra, la violencia, la corrupción, la delincuencia. No parece que estos fenómenos exhiban grados de correlación muy altos con la pobreza y el subdesarrollo, como lo demuestran los más recientes conflictos bélicos reales o potenciales que involucran a países desarrollados, ni tampoco pueden explicarse completamente por la sola acción del medio ambiente, o un tipo particular de educación y cultura. Hace falta, para una explicación completa y satisfactoria, que intervengan otras poderosas fuerzas, que por necesidad deben ser naturales, por lo menos para los científicos e intelectuales serios y rigurosos.
 
Hace ya varios meses está en las librerías un libro escrito por Antonio Vélez M., ingeniero y matemático pero sobre todo escéptico consumado e investigador nato, titulado Homo sapiens (Villegas Editores, 2006). Este libro es en cierto modo una continuación de otra obra suya: Del big bang al Homo sapiens (Villegas Editores, 2004). Ambos textos son obras de divulgación científica; el primero se refiere a lo que recientemente los científicos han llamado “psicología evolutiva”, mientras que el segundo es una amena y clara exposición de la evolución darwiniana, más desde el punto de vista físico, biológico y antropológico.
 
En adelante este escrito se referirá exclusivamente a Homo sapiens. En esta obra se expone y argumenta con sobrada erudición y conocimiento, y sobre todo con un fuerte respaldo en una amplia bibliografía científica. la siguiente tesis: “ La conducta humana es el resultado indisoluble de un programa genético desarrollado en un ambiente o entorno cultural”. Parece una trivialidad, pero no lo es, porque hay en todo el texto una constante y un acento muy grande en la fuerza y la persistencia de los residuos de la historia evolutiva de los primates, prehomínidos y homínidos, que son nuestros antepasados directos en esta larga historia evolutiva que la naturaleza ha recorrido para pasar de los primeros organismos unicelulares al Homo sapiens.
 
Lo que hace al texto muy interesante es la concentración en explicar la incidencia de lo genético en los rasgos más notables de la sicología del hombre moderno, incluyendo capítulo aparte para la violencia, la agresividad, la risa, el humor, la mentira, la hipocresía, la codicia, la avaricia, la ira, la venganza, la lujuria, la promiscuidad, la envidia, la vanidad, el orgullo, la pereza, la gula, el egoísmo, el altruismo, el arribismo, la sexualidad, el incesto, los roles genéricos, etc. Éstos, y muchos otros rasgos que adornan al hombre contemporáneo, en gran parte son residuos impresos en el cerebro del niño por el adn que los padres le transmiten. Estos residuos vienen codificados como resultado del impacto de la historia natural de esas pequeñas familias de primates y otros bichos en su difícil lucha por reproducirse, sobrevivir y adaptarse a un medio natural-social generalmente hostil.
 
Si el lector quiere poner firmemente los pies sobre la tierra y conocer con precisión su papel en la naturaleza, es recomendable que lea con detenimiento el capítulo 3: “Cómo nos llega la muerte”. Para una pequeña muestra, basta copiar una cita de Miguel de Montaigne: “Tu muerte forma parte del orden del universo, es parte de la vida del mundo, es la condición de la creación … deja lugar para otros, como otros lo dejan para ti”.
 
Cabe destacar que se trata de una obra de divulgación científica pero escrita con un gran rigor y respeto por la ciencia, que revela un amplio conocimiento del tema, un muy buen estilo literario y mucho humor. Muestra cómo ha cambiado en los años recientes el balance entre el creacionismo (ahora llamado eufemísticamente “diseño inteligente”) y la teoría evolutiva a favor de esta última, cada vez más confirmada por los recientes avances científicos. El texto ayuda a entender mejor las causas del crimen y la violencia, refuerza la importancia de la educación temprana y los juegos infantiles y el papel de la cultura. A lo largo de todo el texto, se discuten y critican las teorías de corte ambiental, como el psicoanálisis, que le dan un peso mínimo o casi nulo a la genética, a favor de una influencia exagerada del entorno social o familiar.
 
Es necesario insistir en que el autor no sostiene que la psicología del hombre está absolutamente determinada por el componente genético; dice así al terminar el texto: “Si pensamos con sensatez y somos honestos, debemos reconocer que es demasiado temprano para hacer afirmaciones categóricas. A los investigadores de la conducta humana les corresponde averiguar la forma como se distribuyen los pesos relativos de los factores ambientales y biológicos”.
 
Finalmente, al terminar el texto, el autor comenta que el viejo y eficiente mandato evolutivo: “sálvese quien pueda”, o supervivencia de los más fuertes, se cambió por el más moderno: “Sálvese quien sepa”, o supervivencia de los más sabios y habilidosos. ¿Qué consecuencias tendrá sobre el futuro de los niños en sociedades como la nuestra que no les dan casi ninguna importancia a la educación de calidad y a la ciencia? ¿Se notará a la larga una impronta o huella diferente en sus cerebros? Sería muy grave que esta diferencia se sumara a los daños producidos por la desnutrición infantil. Así se crearía una notable brecha intelectual y por lo tanto se acentuaría la diferencia en los niveles de vida y en el bienestar colectivo.
 
“El anacronismo del hombre”, título de esta reseña, se refiere a la disonancia que existe entre el hombre moderno que vive en medio de los frutos del progreso científico y cultural y la persistencia de esa fuerte huella impresa en su cerebro y en su inconsciente por todos los avatares de nuestra historia evolutiva que lo impulsan a la guerra, la violencia, la agresión, el crimen, la arrogancia y la corrupción, entre otras virtudes. Estos rasgos psicológicos, en el nivel social, son difíciles de dominar, puesto que una huella de millones de años no se borra ni atenúa fácilmente con la simple educación, pero posiblemente sea el único camino.
 
 
1. Citado por Antonio Vélez en la obra aquí reseñada.

Página 1 de 1

Ver Comentarios[ Clic para desplegar ]

Para poder comentar, debe ingresar a su cuenta o registrarse aquí

Edición actual Nº 140

edicion 140