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Iceberg

Y el ganador es...

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Edición N° 131

N° 131

Junio de 2012[ ver índice ]

Los organizadores se reúnen, consiguen recursos, contactan invitados, preparan la producción, atraen a la prensa, sudan la gota gorda y montan un festival. Casi todo está listo, solo falta una imagen, un afiche promocional. Entonces:

“–¿Viste la cotización que nos envió el diseñador?

–Sí, ¡qué descaro! No pienso pagar por algo que seguramente hace el Photoshop solo.

–Sí, pero igual necesitamos que alguien haga ese trabajo.

–Ya sé, ¡organicemos un concurso de diseño!

–¡Claro! Podemos decir que queremos contribuir al desarrollo del diseño nacional.

–Y además todo nos puede salir gratis”.

El chiste no es nuestro, está publicado en la página de la Asociación de Diseñadores Gráficos, adg. Tampoco es un chiste, hace parte de una campaña para evitar que los concursos, en lugar de ser realmente estímulos a la creatividad, se conviertan en formas de ahorrar unos pesos para quienes los organizan, y en horas de trabajo perdido para cientos de participantes que escasamente cumplen los requisitos y que al final terminan siendo objeto de decisiones polémicas o testigos de premios declarados desiertos.

Exactamente eso es lo que acaba de ocurrir con las convocatorias para el diseño de la imagen de Rock al Parque y Barranquijazz. En el caso del primer festival, ofrecieron un premio de un millón de pesos, se inscribieron 160 participantes y entre los 153 que cumplieron los requisitos mínimos ninguno alcanzó un nivel aceptable para convertirse en la imagen oficial del evento, el concurso fue declarado desierto y los organizadores optaron por una rara forma de solución salomónica: repartieron el exiguo premio entre los dos concursantes con más altos puntajes y los miembros del jurado se encargaron de fusionar en una nueva pieza el par de proyectos menos malos. En cuanto a Barranquijazz, el premio fue de solo 500.000 pesos, cifra que generó malestar en redes sociales desde que se abrió la convocatoria; el afiche ganador simplemente confirmó lo que se puede obtener por esa suma.

No se trata de hechos aislados. Campañas institucionales, festivales de cine, congresos académicos... muchos se inscriben en esta tendencia de realizar convocatorias abiertas de dudosos resultados. Sin duda suena más democrático e incluyente –y, por supuesto, más consonante con un eslogan como “La fuerza de la diversidad”– plantear una convocatoria abierta que una cerrada. Pero la cantidad de trabajo que representa para los jurados, la indiferencia de diseñadores que por la cuantía de los premios prefieren no participar y las decepcionantes piezas que resultan son razones suficientes para cuestionar esta modalidad.

Una forma de resolver el asunto es invitar directamente a un grupo selecto de diseñadores y ofrecer estímulos significativos que justifiquen las horas de trabajo que supone diseñar una pieza de calidad sin contar con la certeza de que será premiada. Un buen ejemplo de este formato es el concurso que organizó el centro comercial El Retiro para definir su nueva imagen, y en el cual participamos durante la preselección y como parte del jurado. Los directivos del centro comercial ofrecieron como premio 4.000 dólares y un tiquete aéreo a cualquier lugar del mundo; convocaron directamente a doce ilustradores colombianos de reconocida trayectoria, ocho de ellos participaron y el jurado escogió un ganador cuyo trabajo ha sido muy bien recibido por todos. Aunque no es retórico afirmar, al menos en este caso, que cualquiera de las piezas participantes hubiera merecido convertirse en la nueva imagen de El Retiro.

No pasa lo mismo con las convocatorias mencionadas anteriormente. El contraste entre los trabajos gráficos favorecidos y el nivel de los eventos que pretenden representar es dramático. No existe el menor riesgo en afirmar que Barranquijazz es el mejor festival de ese género musical en Colombia y Rock al Parque es el más grande de su tipo en Latinoamérica, con un público que supera las 300.000 personas reunidas cada año alrededor de importantes bandas en tres escenarios. Para garantizar esta calidad, los organizadores discriminan lo que depende de la participación de amateurs y lo que se espera del trabajo de profesionales. En el caso de Rock al Parque, se realizan audiciones para grupos nacionales y los ganadores obtienen el derecho a tocar en horarios de protagonismo menor. Lo mismo ocurre con Barranquijazz, donde las bandas jóvenes de la región compiten por cupos para presentarse durante una función gratuita la primera noche del festival. La pregunta es si dejarían en manos de quienes participan en estas convocatorias la responsabilidad de presidir las funciones estelares o de ser los encargados de cerrar el evento. No. Hasta ahora no han tomado ese riesgo. Conscientes de la importancia de cuidar el nivel, han invitado en todos los casos a músicos nacionales o extranjeros con reconocidas trayectorias.

¿Por qué entonces no dedican el mismo cuidado y rigor al aspecto visual que a la música? Parece que el descuido en cuanto a la imagen y la escasez de recursos invertidos en este rubro no son propios de su forma de trabajar sino una forma sutil de menosprecio o, eventualmente, de ignorancia respecto a las tendencias y la importancia del trabajo gráfico. Ya El Retiro señaló un camino más provechoso; en manos de las demás instituciones está seguirlo o porfiar en el error.

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