elmalpensante.com - Lecturas paradójicas

Correo

Las ficciones de Hoyos y Álvarez

Edición N° 132

N° 132

Julio de 2012[ ver índice ]

Sorprende que una revista como El Malpensante, tan rigurosa en el control de calidad de sus artículos, publique y destaque una crónica tan insulsa como la del periodista Juan Miguel Álvarez sobre el llamado escritor pornógrafo Hernán Hoyos. Artículo plagado de inexactitudes, exageraciones y elogios sin fundamento alguno.

Aquí sí puedo decir que escribo con conocimiento de causa porque era el librero de la Nacional en Cali en los años sesenta, conozco a Hernán Hoyos, vendí sus libros y fui amigo del periodista Pardo Llada. De tal manera que atestigüé todo el acontecer cultural de Cali y de sus escritores y artistas desde la “década maravillosa” hasta los bastante banales ochenta.

Hernán escribió en sus inicios algunos cuentos que se dejan leer. La mayoría estaban hechos a imagen y semejanza de los escritores norteamericanos que publicaban en las revistas gringas de detectives y aventuras. No hablo de sus novelas, anteriores a su “vena erótica”, porque aunque las vendí, no las leí. Su famosa Crónica de la vida sexual no es de ninguna manera un Informe Kinsey, ni un Informe Hite, ni nada que se le parezca. Mucho menos un libro como La mujer de tu prójimo, de Gay Talese (esa sí una obra maestra de investigación periodística y de calidad literaria.) Su libro no tiene el menor rigor investigativo, ni análisis social o psicológico. Son unos cuantos testimonios sobre conductas sexuales “singulares”, por decir lo menos, pero que no representaban para nada una muestra de la vida sexual de los caleños. Un librito teñido de amarillismo y escándalo, el cual –gracias a que Pardo Llada tenía la costumbre de aupar a quienes le caían bien– logró captar la curiosidad efímera del público. Hernán intuyó que ese tema del sexo podría ser una veta productiva para él. Empezó entonces a publicar una serie de novelas con el ingrediente exclusivo del sexo, sin el menor asomo de calidad literaria. Yo las llamaría puerilmente vulgares, ya que sus argumentos no requerían ni siquiera el trabajo de una neurona. Pardo Llada, de manera atrevida, calificó a Hoyos como el Henry Miller colombiano, lo cual demuestra cuánto ignoraba mi querido amigo de la obra de Miller. Tampoco era Bukowski, eso se los puedo asegurar.

No sé de dónde sacó Lisandro Duque que Hoyos rompió la castidad de los caleños. Quizás él se encontraba en ese entonces en su natal Sevilla (Valle), y allí sí había castos y godos. Libertad, goce, placer y música eran lo que vivía Cali en esos años. A la librería llegaban todas las revistas eróticas que se publicaban en inglés, francés y español. Y cientos de novelas con argumentos sexuales, desde la clásica Fanny Hill, pasando por las Memorias de Dolly Morton, Historia de O, toda la obra del “divino Marqués” y por supuesto mi admirado Miller. También el Kama Sutra, El jardín perfumado y La joya en el loto, que se consideran los manuales sexuales de Oriente. De manera que Hernán Hoyos no les abrió los ojos a los caleños. Sus libros se vendían principalmente en puestos de revistas, en la plaza de mercado y, claro está, en las librerías. Estaban dirigidos a un público popular e inculto. Nada hay rescatable en ellos, salvo como anécdota y curiosidad provinciana de una época ya ida.

En cuanto a Hernán –que trabajó en alguna época en la Librería Nacional en Barranquilla–, era cuando lo conocí –supongo que lo seguirá siendo– un hombre cordial, sencillo, de buen humor, de vida tranquila. Tenía amigos rumberos, pero él en general no lo era. Se destacaba sobre todo por ser un caminante consumado. Creo que debe su longevidad al saludable hábito de sus largas caminatas.

No creo en ese furor erótico del que hace gala en el reportaje. Porque, entre otras cosas, era muy discreto en sus conversaciones sobre estos temas personales. El periodista lo retrata como un Casanova en decadencia. Con algunas historias tan fantásticas como las que nos dejó el célebre amante italiano. Es una exageración.

Me entristece, si es cierto, que en plena senilidad Hernán esté dedicado a pretender enamorar empleadas de almacenes y oficinistas. Definitivamente, “la vejez viajera de la noche”.

Creo que es necesario que los lectores de El Malpensante conozcan la otra cara de esta historia: la realidad. Porque lo que nos cuenta el periodista Álvarez es la ficción.

—Felipe Ossa, director Librería Nacional 

Página 1 de 1

Ver Comentarios[ Clic para desplegar ]

Para poder comentar, debe ingresar a su cuenta o registrarse aquí

Edición actual Nº 140

edicion 140