elmalpensante.com - Lecturas paradójicas

Iceberg

Lejos del clic

Iceberg
Edición N° 132

N° 132

Julio de 2012[ ver índice ]

A estas alturas no vale la pena seguir despelucándose. Ya se ha vertido suficiente indignación, sarcasmo y rabia como para intentar un abucheo tardío a lo que hicieron el gobierno, las Cortes y los congresistas con la reforma a la justicia. Si acaso, por lo ingeniosa, quedaría celebrar la muy divertida sigla que un genio anónimo de la lengua inventó para fustigar tanto bochorno: así como hablamos de las bacrim –dijo este cáustico observador–, también deberíamos hablar de las bacon, esto es, de las “bandas de congresistas”.

Buen humor aparte, lo único que tal vez convenga reiterar (e incluso machacar hasta el cansancio) es que este episodio no ha concluido felizmente. Sugerimos a quienes nos siguen leer la columna de Hernando Gómez Buendía que publicamos en este número. Allí, el director de Razón Pública explica de manera categórica por qué podríamos levantarnos una mañana de estas con la noticia de que el engendro de la reforma a la justicia está vivito y coleando. Bastará con que la Corte Constitucional conceptúe que el trámite violó la Carta Magna para que volvamos al mismo escenario azaroso de hace unos días. No es en absoluto una posibilidad descabellada: aunque ilustres juristas han intentado encontrar en la Constitución más significados ocultos que en la ballena blanca de Moby Dick, lo cierto es que tales exégesis para demostrar que el gobierno actuó dizque en derecho no parecen más que esfuerzos inútiles por meterle muela a un pan excesivamente rancio.

Así las cosas, valdría la pena, no tanto revivir el encabronamiento con el presidente, con casi todo el Congreso y con casi todos los magistrados de las Cortes –un combustible de mucha potencia pero escasa duración–, como dedicarnos a tareas más sencillas y a la postre más efectivas para la democracia. Desde el mismo día en que fue aprobada la reforma, las redes sociales comenzaron a hervir de indignación. No seremos nosotros quienes nieguen que se trataba de un repudio sincero a las fechorías de una gente legislando en beneficio propio; lo que sí diremos es que a menudo los cibernautas parecen pensar que es suficiente con dar clic en “me gusta” para que todo esto se traduzca en cambios políticos. La democracia, desgraciadamente, es mucho más dispendiosa: no solo exige tomarnos un montón de molestias sino también dedicar tiempo a actividades que pueden parecer en extremo áridas. Revisar con cuidado un contrato donde se sospechan movidas chuecas, o hacerle el seguimiento a un concejal que había prometido determinadas leyes, nunca serán actividades apasionantes para el ciudadano común y corriente.

Todo esto es para decir que deberíamos mantener la controversia ciudadana en torno a tan malhadado proyecto de acto legislativo y, si es posible, si las circunstancias lo aconsejan, revivir el referendo revocatorio del proyecto a la justicia. Es la única forma no solo de sepultar en regla ese engendro, sino de impedir que una facultad tan aventurada como que el presidente pueda objetar, parcial o globalmente, una reforma a la Constitución adquiera carta de naturaleza en nuestro ámbito jurídico. (A quien tenga dudas sobre este punto, le recomendamos un aleccionador ensayo de Juan Gabriel Gómez donde se demuestra que la única Constitución de América Latina con esa facultad es la de Chile, y que se trata de una supervivencia de la dictadura, toda vez que su ideólogo e impulsor fue el nada honorable Augusto Pinochet.)

Incluso siendo un recurso límite, un referendo revocatorio tendría en caso de triunfo la nada despreciable ventaja de enviar un mensaje contundente a los tres poderes que participaron en esta componenda. El presidente y sus ministros, los congresistas y los magistrados sabrían, por una vez, que la frase “pagar el costo político en las urnas” no es un eufemismo para ocultar que todo les importa un bledo y que cualquier cosa que opinemos los electores ellos se la pasan por la raya del calzoncillo.

Así que, joven o entrado en años cibernauta, si la Corte llega a decir que el hundimiento de la reforma a la justicia fue ilegal, deja de hacer clic en Facebook, suspende por un momento el aluvión de trinos y gasta unos minutos en llenar la planilla del referendo. La democracia te lo agradecerá infinitamente.  

Página 1 de 1

Ver Comentarios[ Clic para desplegar ]

Para poder comentar, debe ingresar a su cuenta o registrarse aquí

Edición actual Nº 140

edicion 140