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Fritanga en el baptisterio

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Edición N° 133

N° 133

Agosto de 2012[ ver índice ]

Hace un par de semanas estaba caminando por la carrera séptima de Bogotá. Cuando pasaba por el tramo peatonal, a la altura de la calle 22, me encontré frente a la iglesia de Las Nieves y recordé una carta que había leído días antes en su revista. La imagen me quedó en la cabeza: según el corresponsal habían instalado una venta de pollo frito al lado del baptisterio de la iglesia. No pude evitar dar gusto a mi curiosidad –y morbo– y avancé religiosamente hacia la construcción.

Desde la fachada vi el anuncio de la pollada bautismal y tomé un par de fotos, que envío adjuntas. Al entrar, descubrí que la cosa es tan risible como preocupante, incluso mucho más grave que lo sugerido en la carta: la venta de pollos no está “al lado” del baptisterio, como sugería un tanto caritativamente el corresponsal, sino justo “dentro” de él. Es un verdadero insulto al patrimonio y al buen gusto –tanto arquitectónico como gastronómico–, pero quizá una hábil jugada de los comerciantes, un esfuerzo conjunto para atraer feligreses hacia la fe y el pollo frito, sin perder de vista la premisa bíblica de que “no solo de pan vive el hombre”.

Pensándolo bien, nada hay de sorprendente en esta minúscula fusión empresarial. Hace poco, la Conferencia Episcopal Colombiana hizo un curioso anuncio en el mismo sentido. Resulta que de ahora en adelante será posible que las iglesias funcionen al interior de centros comerciales –valiente reto el de competir mano a mano con las megasalas de cine–. Y desde hace ya un buen tiempo hay capillas en los locales de algunos aeropuertos, donde el temor a un siniestro o el apoyo a algún familiar “comerciante” renuevan los votos de fe a última hora.

Como van las cosas, en poco tiempo podremos hacer reservas telefónicas para un turno en el confesionario, donde un cura vestido de sotana Adidas escuchará nuestra larga lista de pecados cometidos en locales vecinos. Después nos pasará una penitencia que podremos pagar, junto a diezmos y limosnas, con nuestra tarjeta débito. Por supuesto, como es inevitable cuando se trata de curas, aplicarán condiciones y restricciones.


—Susana Caicedo
 

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