Alfredo,
Agradecemos su atenta lectura y apuntes sobre el texto. Es importante aclarar un par de aspectos de la edición de este artículo para que sean comprensibles las decisiones atípicas que tomamos al respecto. El hecho central es que el principal propósito de publicar este par de piezas era ilustrar el trabajo hecho por un autor a quien dedicamos un extenso perfil en las páginas inmediatamente anteriores. Por lo tanto, el valor de la publicación de este manuscrito, que llegó a nuestras manos lleno de polvo –literalmente– y picado por las polillas, es el rescate documental.
Por eso fuimos fieles a la consigna del autor, expresada explícitamente en el prólogo del libro, según la cual la transcripción es textual en un esfuerzo por reflejar la voz e idiosincrasia de los entrevistados. También por eso escogimos dos textos que muestran la rara amplitud de los personajes y registros que conforman esta colección de testimonios; la falta de unidad que usted percibe es propia del libro que estamos documentando.
El hecho de que algunos de esos textos disten de la idea central de “la vida sexual en Cali” y reflejen “aspectos sociológicos”, como los llama el autor, también da cuenta de lo que hizo y cómo lo hizo. Sus imperfecciones, torpezas, caprichos y saltos son un espejo fiel de lo que es ese libro. Editar esa obra 45 años después de que fuera publicada, vendida masivamente y leída como pasquín pornoperiodístico, por buena parte de Cali y el resto del país, sería fallar al retrato del personaje que esta selección pretende redondear.
—El Malpensante
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