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Correo

De Ondatrópica para Mario Jursich

Ondatrópica
Edición N° 136

N° 136

Noviembre de 2012[ ver índice ]

En la edición de El Malpensante del pasado mes de octubre, la sección Iceberg está dedicada al proyecto musical Ondatrópica, el cual yo, Mario Galeano, lidero junto al músico y productor William Holland. En la reseña, firmada por Mario Jursich, se mencionan puntos críticos sobre el proyecto y el disco en particular, además de tocar aspectos del ambiente musical en el que este se enmarca.

Quisiera aprovechar estas líneas para debatir sobre algunos conceptos que considero importantes y, así mismo, informar a Mario acerca de los procesos e historias detrás de Ondatrópica, ya que no tuvo a bien contactarnos previamente para profundizar sobre la producción. Para empezar, uno de los conceptos más desatinados del consumo de música popular en los últimos cincuenta años tiene que ver con la forma en la que el mercado (guiado por las aspiraciones económicas de la industria musical) se empeña en armar bloques generacionales muy marcados. Esa estratificación se ha convertido en una estrategia comercial que ha tenido como consecuencia que, de las artes, la música popular sea la que menos proyectos intergeneracionales conciba; tal característica se deja ver particularmente en aquellos tipos de ambientes musicales (como el colombiano) donde el músico mayor carece de estatus social y comercial. Hablamos de una industria que, además de no rendir culto a la discografía, desafortunadamente ha descuidado la proyección y la carrera de los músicos mayores, pues allí la visión histórica de los procesos es nula. Para la industria y para el consumidor de música comercial, entonces, llegó como gran novedad el disco Buena Vista Social Club, de 1997, fenómeno con el cual Jursich empieza su texto. Tan pocos ejemplos tenemos de caras de músicos mayores en portadas de discos nuevos o videos de música popular, que quince años después la referencia al Buena Vista sale a flote como la primera reacción a proyectos de este tipo. Por fortuna, los procesos artísticos y de creación no se rigen por comportamientos de mercados, ni la evocación de músicas de otra generación se hace con intenciones comerciales. Tómese como ejemplo la entrada de la tecnología del sampleo al círculo de la música popular en la década de los ochenta (puntualmente el hip-hop), hecho que desató un enfoque rítmico basado cien por ciento en muestras (samples) de viejas grabaciones de soul, funk y disco –¡recientemente, este mismo “reciclaje” ha sido el motor de géneros nuevos como el jungle y el drum’ n’ bass!–. ¿Es un desatino entonces describir el hip-hop o el drum’ n’ bass como géneros contemporáneos? Porque en un tema del 2012 pueden encontrarse muestras fonográficas de los últimos cincuenta años. Otra pregunta en la misma línea: si se acepta el uso de samples y se incluyen esos beats en grabaciones contemporáneas, ¿por qué es cuestionable un revival o resulta problemático traer al músico que originalmente creo ese beat para hacer una grabación nueva o participar del proyecto en vivo? Personalmente, yo me quiero reconocer como músico de una generación más amplia de la que exclusivamente toca a mis contemporáneos, y pienso que la música hecha hace cincuenta años y la que se hará dentro de cincuenta hacen parte de corrientes artísticas del mismo corte. Encuentro en las grabaciones colombianas de hace medio siglo un estilo y contundencia interpretativos que disfruto y de los cuales participo a través de la investigación, la creación, la colección y la audición pública (dj sets ). Por esta misma razón no veo como una novedad, mucho menos como una moda u oportunidad de mercado, buscar la experticia y el sonido de un músico mayor para un proyecto de creación actual.

En varias ocasiones he leído comentarios que señalan nuestro proyecto como “el Buena Vista colombiano”, por lo general, estos comentarios los he visto referenciados de dos formas. La primera, por interlocutores ocasionales en Facebook o Twitter, melómanos livianos que usualmente llevan sus gustos asociados a lo que dictan los medios de comunicación. Personas que no tienden a conceptualizar ni a debatir sobre temas musicales. Y segundo, por reseñas periodísticas que esquivan la complejidad de describir el fenómeno musical que se vive hoy en día en Colombia, al disparar un juicio ruidoso tal vez para llegarle sin preámbulos ni contextos a ese primer grupo que menciono. Evidencia su aproximación Mario Jursich al continuar en su texto con una mención al proyecto colombiano Veteranos del Caribe, del año 2003. Dice que fue un proyecto que “no pudo replicar ni siquiera de lejos lo sucedido con el Buena Vista en Cuba”. Primero, no tengo información o habría que preguntarle a Rafael Ramos si lo que quería era replicar al Buena Vista. Y segundo, no entiendo sobre qué base se hace la aseveración de que fue aquella “frustración” (palabras de Jursich) de los Veteranos, de no llegar a ser Buenavista, la que me llevó a mí y a William Holland a crear Ondatrópica, que además define como la retoma de una idea original de Rafael Ramos.No tengo el disco de Los Veteranos, desafortunadamente jamás los vi en vivo, ni tengo el placer de conocer personalmente a Rafael Ramos. No hacemos parte del mismo círculo musical, ni soy discípulo de su forma de arreglar, ni de planear o ejecutar proyectos artísticos. Es decir, su influencia no ha tenido un impacto en mi formación como músico.

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