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Columnas

Para decir "prostituta" en chino

Las muy variadas formas en que los chinos han llamado a las prostitutas a lo largo de la historia demuestran cuánto puede el lenguaje decirnos sobre aquello que nombra.

Prostitutas chinas fotografiadas para el libro Orientalia: Sex in Asia
Edición N° 139

N° 139

Marzo de 2013[ ver índice ]

Tras una revisión de fuentes históricas, literatura, poesía, textos legales, comunicados oficiales y reportes de prensa, la antropóloga Pascale Coulette logró identificar cerca de setecientos ideogramas relacionados con el comercio sexual en la China desde la Antigüedad.

Por siglos, la noción china de prostitución giró en torno al carácter ji, que significaba “mujer de baja condición” y posteriormente “música”. Se convirtió luego en genérico para las artistas y a partir del siglo XIX se limitó a la mujer que comercia con su cuerpo.

Hasta el siglo XVIII, lo fundamental era el tipo de cliente, del emperador al ciudadano común. Las guangji, prostitutas del gobierno, de Estado, o “prefectorales”, atendían funcionarios. Las yingji, prostitutas de cuartel, y las junji, del ejército, divertían a las tropas. Las últimas en aparecer fueron la shiji, prostitutas comerciales o “del mercado” para los hombres en general. Se les conocía también como siji, o prostitutas privadas.

El estatus público de las guangji, o privado de las shiji, marcaba otras diferencias. Las primeras eran esclavas, prisioneras de guerra o esposas e hijas de criminales. Las segundas, usadas con fines comerciales, provenían de familias pobres que vendían a sus hijas.

Otra clasificación surgía de la especialidad del servicio o el lugar de origen. Se distinguía a la prostituta que cantaba y recitaba de la que bailaba, e incluso de la especializada en cierto tipo de danza o instrumento. En todas las denominaciones un primer carácter precede y califica a ji. En una recopilación de poemas del siglo XVII se encuentran cuarenta prefijos referidos al estatus social, a la apariencia física o al temperamento de las mujeres.

Abundan las metáforas literarias. Las alegorías se refieren a la gracia y la belleza con expresiones construidas a partir de hua, flor. La prostituta es “niña de flores”, “dama flor” o “flor que flota y pistilo que vaga”. Hay expresiones que evocan el oriol, el pájaro de la alegría y de la música. También se mencionan el viento, la luna, el polvo, el humo o los sauces.

Algunos términos matizan escenarios tan floridos. Con macaco, se compara el comportamiento de la prostituta con el de dicho animal ante el tigre, al que seduce antes de aniquilarlo. Biaozi, mujer pública, de mala vida, tiene una connotación negativa, como de “puta”. Biao es un antónimo de li, interior, y señala que la prostituta, contrariamente a la esposa, es una mujer de la calle.

Con el final de la guerra del opio y la apertura hacia Occidente, cambian el comercio sexual y la terminología. Se desarrollan mercados y términos regionales. Se consolida la jerarquización del oficio desde la estancia literaria, el aposento de lujo que atiende una maestra, hasta las cabañas de clavos, construcción precaria en la que se ofrecen servicios tan rápidos como poner un clavo.

La primera mitad del siglo XX es convulsionada por los levantamientos y el creciente control comunista. El nuevo orden social es incompatible con el comercio carnal, que se restringe. El lenguaje se simplifica y se pierde la variedad. Los términos se vuelven directos y escuetos. Las pocas metáforas que persisten tienen una connotación negativa. La prostitución es ahora un “pozo de fuego” que atrapa “mujeres caídas”. Se acuña la expresión “vender lujuria”, que será adoptada masivamente décadas después. Bajo el marxismo la prostitución es un problema social, no un asunto individual. Se introduce la idea de victimización de la mujer y se condena la actividad.

Con el comunismo se sofistican los disfraces semánticos para erradicar ese “flagelo feudal”. La abolición de la actividad y la salvación de las prostitutas son parte del programa de liberación femenina. Para finales de los cincuenta se concluye que el fenómeno ya no existe, a nadie le interesa y no hay necesidad de nombrarlo. Las situaciones reales que contrarían esa visión se esconden o empacan con expresiones como “zapato roto” –en lugar de “mujer caída”– o “desorden entre géneros”.

Con las reformas de Deng Xiaoping, el comercio sexual recobra importancia y se adoptan nuevos instrumentos legales. La “venta de lujuria” invade los documentos oficiales. La prostituta es una “mujer que tiene actividad de lujuria”, y el cliente es la “persona que frecuenta mujeres que venden lujuria”. La terminología tradicional basada en ji se retoma, pero para la prostitución antigua o la que ocurre en el extranjero.

Con el incremento reciente del comercio sexual se ha dado una verdadera avalancha de neologismos y vocablos populares. Oficialmente, el vocabulario se ha hecho más detallado, realista y pragmático. Las expresiones en los medios de comunicación, adoptadas de la jerga policial, son aún más variadas y descriptivas. Reflejan los incesantes cambios en el mercado del sexo chino de los últimos años. Las “señoritas ding dong” atienden a los huéspedes de hotel; las “que se paran en las puntas de los pies en la calle”, o “las de caseta de obra”, a los trabajadores inmigrantes. También se distinguen, con el tradicional término ji, las prostitutas “de lujo”.

Los distintos lapsos por los cuales se contratan los servicios de una mujer muestran la borrosa frontera entre prostitución y concubinato. Varios términos construidos con el verbo bao, “alquilar”, hacen referencia a cualquier servicio por determinado tiempo, desde una hora o jornada hasta años, pasando por la semana o el mes.

Hay términos que se derivan del verbo pei, “acompañar”. En los karaokes, salones de baile y restaurantes, el servicio básico consiste en “sentarse a la mesa”. Pero es posible “salir de la mesa” o “salir a la calle”. El acompañamiento admite variantes como cantar, tocar un instrumento, comer, ir de viaje, visitar, pasar la noche, bailar, descansar, ir al cine, nadar, pasear… La especialización puede refinarse. Entre las acompañantes al cine se distinguen las que solo ven películas que permiten caricias, y entre estas las del “área de arriba” y las del “área de abajo”. Las acompañantes a la piscina pública no necesariamente van a la playa. Una especialidad es la “acompañante de ducha”.

También se han consolidado los eufemismos. Es común en los hoteles el recurso a los términos de ropa de cama o mobiliario para ofrecer servicios sexuales. La prostituta puede ser una “cobija”, un “colchón”, una “cama adicional” o un “cojín” que discretamente se ofrece a ciertos clientes.

La variedad de las formas utilizadas para decir “prostituta” en chino, desde la época imperial hasta hoy, ilustra la complejidad del fenómeno. El recorrido por los términos muestra una actitud cambiante hacia el comercio sexual. Aceptado, incluso idealizado por siglos, progresivamente rechazado, casi anulado en la época maoísta y renovado en la actualidad. Al igual que en Occidente, la palabra “prostitución” ha ido adaptándose o escondiéndose, según las doctrinas en boga, siempre con una brecha entre el lenguaje oficial y los términos acuñados popularmente.

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