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Breviario

El profesor erótico

La inspiradora tensión entre alumnas y maestros puede generar tantos dolores de cabeza como resultados provechosos y atmósferas estimulantes.

Edición N° 94

N° 94

Febrero de 2009[ ver índice ]

En la película The Squid and the Whale, el actor Jeff Daniels es un profesor de inglés y escritor fracasado que se acuesta con sus alumnas, descuida a su mujer e intimida a sus hijos. En el filme Wonder Boys, Michael Douglas es un profesor de inglés y escritor fracasado que se acuesta con sus alumnas, acaba de ser dejado por su tercera esposa y no puede decirle a su hijo que fue concebido en una aventura de adulterio. En One True Thing, William Hurt es un profesor de inglés y escritor fracasado que se acuesta con sus alumnas, descuida a su mujer e intimida a sus hijos. Así lo resume en un ensayo William Deresiewicz, un profesor de inglés de la Universidad de Yale de quien no sabemos si se acuesta con sus alumnas, si descuida a su mujer ni si intimida a sus hijos. Deresiewicz, un polémico crítico de libros, se pregunta por qué en películas de los últimos años hay tantos profesores de humanidades que a la vez son escritores fracasados, esposos miserables y cuya insignificancia profesional se asocia con una conducta sexual impropia. El estereotipo que casi todos los profesores universitarios comparten en películas y novelas es que se acuestan con sus alumnas.  

Lujuria y enseñanza parecen ser una pareja indisoluble. El matrimonio del eros y la pedagogía es muy antiguo, pero siempre trae novedades. “Esto es cierto antes de Platón y después de Heidegger”, recuerda George Steiner. “El eros del intelecto, más feroz que ningún otro, puede fundirse con el de la lascivia”. En su libro Diario educar, Constantino Carvallo, director de un colegio en Lima y uno de esos maestros singulares que de niño nunca tuvo ganas de estudiar, cita un estudio que dice que los maestros se encuentran en el segundo puesto en agresión y abuso sexual de menores (el primer puesto es de los padres y parientes). Antón Makarenko, un famoso pedagogo de la ex Unión Soviética, sugería que una manera de mantener entusiasmado a un grupo de maestros era incluir a una belleza femenina entre ellos. Disidente de estos estereotipos, Juan Villoro fue un escritor que se enamoró de su mujer antes de saber que empezaría a darle clases y que ahora ya no las dicta. Villoro cree que estos ligues tienen que ver con la triste vida de ciertos profesores que se la pasan encerrados en los salones de la universidad: “La variante más común del eros pedagógico es la de saber que alguien te gusta y eso mejora a Borges o al autor del que hablas”.
 
Pero en las universidades de Estados Unidos, faros del puritanismo y de lo políticamente correcto, al eros pedagógico se le confunde con “acoso sexual”. Según Steiner, aunque haya casos probados de abuso, también hay demasiadas acusaciones que son consecuencia de una histeria mendaz y de una oportunista frivolidad. Aún así, desde sus cuarteles de Yale y lejos de los abogados, William Deresiewicz, quien advierte que casi siempre es el discípulo quien se enamora, insiste en que hay que entender e incluso alentar cierto erotismo, una suerte de sexo cerebral entre alumnos y maestros sin el que una clase sería una tierra baldía.

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