El pasado 6 de julio, Leila Guerriero obtuvo el Premio FNPI con su trabajo “Rastro en los huesos”, publicado en Gatopardo. Aunque la crónica sobre los desaparecidos de la dictadura argentina no haya sido publicada en nuestras páginas, nos alegramos por el reconocimiento al trabajo de una colaboradora habitual y amiga de la casa. Recordamos el texto “Sobre algunas mentiras del periodismo”, leído por Leila durante la primera edición del Festival Malpensante y publicado en nuestro número 75.
En marzo pasado, pocos días antes de regresar a Madrid, Mario Vargas Llosa recibió a Fernando Carvallo y respondió sus preguntas sobre literatura, política y el Lugar de la Memoria, cuya creación el escritor promovió con determinación. La necesidad de reconstruir la historia reciente del Perú, las lecturas que más lo apasionan, sus viajes interminables y sus opiniones políticas sobre Latinoamérica recorren esta larga conversación. Cuando se trata de literatura, el escritor peruano no puede evitar hablar del autor al que ha dedicado uno de los mejores ensayos, Victor Hugo, y referirse a la novela que acaba de terminar, consagrada al explorador irlandés sir Roger Casement, quien a principios del siglo XX denunció el colonialismo en el Congo y la explotación de nativos en la Amazonía.
Escucha pasos por el corredor y mira la hora: su esposa viene a reemplazarlo. La puerta se abre y el abanico de luz le deja ver por un instante las otras camas. La tercera, la cama de la otra nenita, está ahora vacía. Piensa que es peligroso dormirse: hay durante la noche desapariciones silenciosas, sustituciones imprevisibles.
El más tiránico mandamiento de la música ha reducido al público a un manojo de nervios. Entre el aplauso temeroso, la tos, el silencio y la huida, ¿cómo responder al final de cada movimiento?
En 1959, un paro de cantineros volteó de cabeza las noches paisas. Este recuento de los hechos confirma que, en cuanto a borrachos, no todo tiempo pasado fue mejor.
Mis recientes experiencias no habían sido lo que se puede decir buenas. Rentables sí, pero de ninguna manera buenas. Y en eso, de hecho, radicaba mi conflicto. Yo necesitaba ganar mucha más plata.
Desde tiempos inmemoriales el guayabo ha acechado los despertares de la humanidad. Este sobrio perfil dibuja los muchos rostros y nombres de esa deuda insaldable y universal.
Tildada de anacrónica, obtusa y violenta, la izquierda afronta una de sus peores crisis. Cuando el camino parece cerrado, alternativas como la del ex ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil abren de nuevo todas las puertas.