Los fans suelen ser conservadores y a veces reciben con disgusto las versiones infieles de sus éxitos amados. A Bob Dylan el asunto parece traerlo sin cuidado.
En los años sesenta, el famoso crítico de arte de Time creyó que no había nada mejor en la vida que acostarse con “el mejor polvo de Londres”. Luego descubrió que hacerlo implicaba un sufrimiento inaudito.
En tiempos de hegemonía visual, ¿qué queda en manos de las palabras para dar testimonio de su tiempo? La premio Nobel sudafricana arroja luces sobre la literatura de testimonio.
Para agotar el significado de algunas palabras muy arraigadas en la cultura, no basta con remitirse a los diccionarios. En el caso del spleen, la presencia de este término en casi cuatro siglos de literatura francesa no deja lugar a dudas: algo hay entre los franceses, la melancolía y el aburrimiento.
Después de veinte años y once versiones, el crecimiento del Festival ha sido abrumador. Pero ¿ha pasado lo mismo con el teatro colombiano? El autor recorre estas dos historias, casi paralelas, con escasos puntos de encuentro.
La creación colectiva aparece como el principal –sino el único– aporte colombiano al teatro. ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? Según parece, no mucho.
Nada peor para un director que ver al público salir completamente ileso del teatro. Un proceso sistemático de autodestrucción, durante el acto creativo y los ensayos, puede ayudar a conseguir el efecto contrario.
En una biografía, ¿hasta dónde llega la omisión piadosa y comienza la traición a los hechos? La de Neruda escrita por Teitelboim pareciera moverse peligrosamente en ese filo.