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El Malpensante

Literatura

La historia de una silla

Donald Barthelme, John Cheever y David Foster Wallace. Tres artículos póstumos sobre estos autores obligan a la pregunta: ¿Cuál es la esencia de la biografía de un escritor?

Donald Barthelme, vicepresidente en la República del Cuento americano. © Ben Martin. Getty Images

Primero vinieron las ficciones del yo; después el escritor como personaje en los festivales literarios; era previsible que, tarde o temprano, empezara el furor por las vidas de escritores. Y ésa parece ser la nueva tendencia. No solo en nuestro idioma (el ladrillo de casi mil páginas sobre Osvaldo Lamborghini, la autobiografía-collage que armó Fuguet sobre Andrés Caicedo; el Chacal Andrew Wylie a la caza de un escriba para la biografía de Bolaño): en todas partes parece suceder lo mismo. La semana pasada me crucé, con diferencia de días, con tres textos espectaculares de escritores sobre escritores: Lorrie Moore escribía en la New York Review of Books sobre una biografía de Donald Barthelme; el difunto John Updike sobre una biografía de Cheever (se ve que mandó la nota al New Yorker antes de morir) y D. T. Max relataba la muerte largamente anunciada de David Foster Wallace en la revista dominical del Times. Los tres textos se preguntaban qué buscamos cuando leemos biografías de escritores. Lorrie Moore contestaba en nombre de todos: “Buenas fotos, buen índice de nombres, buenos chismes”. ¿Es realmente así? Un amigo muy bestia que tengo me vio el otro día en la playa y quiso saber qué estaba leyendo. La biografía de un escritor, le contesté. Él me miró con un poco de pena y comentó: “La biografía de un escritor vendría a ser la historia de una silla, ¿no?”.

Isadora Duncan señaló una vez un mueble y dijo: “Yo podría bailar ese sillón”. Hace falta ser muy bueno escribiendo para cautivar con la historia de una silla. Quizá por eso la mejor biografía posible sobre un escritor es el modelo coral inventado por George Plimpton: muchas voces ofreciendo muchas historias pequeñas sobre el biografiado, en las cuales el personaje nunca es del todo el mismo. Si se lo piensa un poco, es lo que pasa cuando uno lee los diarios de un escritor: gran parte de la fascinación la produce el hecho de que quien escribe nunca sea del todo el mismo. En cambio, cuando un biógrafo reúne todos esos testimonios diversos y arma su versión de los hechos, nueve de cada diez veces sale un libro peor.
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Juan Forn

Fundador de Radar, el suplemento cultural de Página 12. Su último libro se titula 'El hombre que fue viernes'.

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