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El Malpensante

Coda

Las suelas de Zapatero

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Cuando José Luis Rodrígues Zapatero fue electo general del PSOE en el año 2000, sus asesores en imagen le recomendaron depilarse las cejas bajo el pre­texto de que le otorgaban cierto aire vampiresco. Si observamos con detenimiento, las cejas de Zapatero gozan de una curvatura muy pronunciada y forman una especie de monte Fujien el borde superior de los ojos. Esto, según los especialistas, podía minar la confianza que los futuros electores españoles depositaran en él. ¿Cómo confiar en un individuo con las cejas de Boris Karloff? Los especialistas no estaban del todo errados: si los ojos son el espejo del alma, estas cejas de Zapatero reflejaban una mirada, no despiadada, pero sí algo tenebrosa. Incluso en algunas revistas llegaron a verse fotomontajes donde Zapatero aparecía con las cejas retocadas. La página se dividía en dos: de un lado Zapatero con sus cejas naturales y del otro, los resultados cosméticos de sus asesores. Un “antes y después”, como si se tratase del testimonio de un consumidor de Abdominazer. Esto permitía (o así se pretendió) que el público tuviese la opción de decidir cuál era el par de cejas que el delfín de Felipe González debía lucir. Por supuesto Zapatero no hizo caso a estas fruslerías y consideró que su par cejas eran parte (como suele decirse) de su personalidad, y no se prestó a semejante intromisión cosmética.

Pero las cejas no fue el único motivo de preocupación de sus asesores. Su delgada y elevada estatura permitió el desarrollo de una pequeña jiba. Por eso sus trajes a veces parecían colgar de un huesudo perchero y no de los hombros del nuevo Secretario General del principal partido de oposición. Su natural disposición a atender muy de cerca a sus interlocutores, lo obligaba a agacharse exageradamente para escuchar con atención las palabras, por ejemplo, de José María Aznar. Era cómico verlos en las escalerillas de entrada del Palacio de la Moncloa frente a los periodistas: Aznar le hablaba sin verle a los ojos, como mirando al horizonte, y Zapatero se jorobaba para escuchar mejor las palabras que salían de aquel bigote tupido.
 
Algo larguilucho y con la motricidad levemente torpe, llegó a la Secretaría General del PSOE como un auténtico desconocido. Lideraba el proyecto “Nueva vía”, conformado por jóvenes dirigentes del partido que se autodenominaban “socialdemócrat...

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Gustavo Valle

Colabora habitualmente con ensyaos y crónicas para las revistas Letras Libres y Cuadernos Hispanoamericanos, de España.

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