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El Malpensante

Breviario

Esa señorita texana...

El internet nos permite precenciar en vivo la enfermedad, sufrimiento y muerte de otros, pero ¿ese dolor logra aún conmovernos?

 

Farrah y su pelo esplendoroso © Corbis

 

Mediante emisiones clandestinas en YouTube es posible presenciar de primera mano, como un amigo junto a su cama, la lenta agonía de Farrah Fawcett. Yo lo hice ayer. No sabría explicar por qué.

A sus sesenta y dos años Farrah Fawcett se pudría por dentro con el patrocinio de un cáncer anal trepidante y yo miraba su padecimiento acostado en mi cama entre impasible y fascinado, porque una vez atrapada en la pantalla cierta parte de la tragedia se trivializa y la otra parte, la que queda, la asimilamos casi sin darnos cuenta como una forma macabra de entretenimiento. Farrah Fawcett se muere y su documental de concientización sincero y terrible sobre un cáncer del que nadie habla parece al principio solo un telefilm motivacional mal producido. La gente se muere y nunca ha sido tan fácil acceder a esas muertes sin que presenciarlas exija un compromiso emocional. Todo es apenas un clip. Todo pasa. Hace dos semanas una mujer en Irán murió baleada en la calle durante una manifestación y acostada vomitaba sangre como en fuente mientras alguien la filmaba con un celular para eternizarla y convertirla en símbolo, en mártir digital de la libertad, y ahí estábamos nosotros también, del otro lado del tubo, viendo a la mujer ya muerta morirse en un bucle confuso y terrible que duraba treinta segundos pero que pese a los gritos apenas nos tocaba, porque estaba lejos, porque a decir verdad no entendíamos, porque esa sangre simplemente no podía ser real. Estamos demasiado acostumbrados a ver sufrimientos en pantalla y es difícil distinguir, saber cuándo son genuinos. Somos televidentes curtidos, cínicos, convencidos a punta de desengaños de que nada nunca ocurre en realidad, de que todo es ingeniosa manipulación de los sádicos guionistas o los poderes oscuros, y si alguien de veras sufre es su culpa por ser quien es, o por someterse a aparecer frente a una pantalla, o por optar por el camino fácil hacia el dinero y la fama. Que lloren, decimos: para eso les pagan.

Miro fotos de Farrah Fawcett. Hay cientos. La clásica, la del afiche legendario que vendió no sé cuántos millones de copias, la muestra sentada de perfil con un vestido de baño rojo y la sonrisa falsa de porrista gringa que convierte en crucero del terror ciertos paseos aleatorios por Facebook ...

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Es matemático y escritor ocasional, o viceversa.

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