Google+
El Malpensante

Poesía

Cuatro poemas

Autorretrato, Once estrofas para Giselle, Anne Sexton y La pelota que lancé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo

— Autorretrato —

 

Rodé al año y medio por las escaleras hasta el segundo piso. A los seis casi me ahogo en una piscina.

 

A los siete me arrastró la corriente de un río. Me golpearon con un palo, con la culata de un fusil,

con una tabla. Me propinaron un codazo en la cara y otro en el estómago, rodillazos, machetazos, foetazos.

 

El perro del vecino me mordió un brazo.

 

Me cortaron una oreja haciéndome el cerquillo. Noqueado. Abofeteado. Calumniado. Abucheado. Apedreado.

 

Perseguido por sargentos en motor. Por dos cobradores.

 

Por tres mormones en bicicleta.

 

Por muchachas de Herrera y del Trece.

 

Me han atracado treinta veces.

 

En carros públicos. Taxis. Voladoras. A pie.

 

Alguien me dio una bola y me dijo I am gay. Me robaron un televisor, un colchón,

seis pares de tenis, cuatro carteras,

un reloj, media biblioteca.

 

Se llevaron varios manuscritos y cometieron plagio.

(Con lo que me han robado pudieran abrir

una compraventa en Los Prados)

 

Me fracturé el brazo derecho, el anular, la cadera, el fémur y perdí cuatro dientes.

 

El hermano Abelardo me dio un cocotazo que todavía me duele.

 

En la fiesta de graduación me cayeron a trompadas y botellazos.

 

Luego publiqué un libro de poesía y una vecina lo leyó

y escéptica dijo que era capaz de escribir

mejores poemas en media hora, y lo hizo. Accidente con un burro en la carretera.

 

Intento de suicidio en Cabarete. Taquicardia. Hepatitis. Hígado jodido. Satanizado en Europa del este. Pateado por mexicanos en Chicago.

 

En Montecristi una mesera me amenazó de muerte

(ahora mismo, clava alfileres en un muñeco idéntico a mí)

 

Los vecinos sueñan conmigo baleado.

 

Los poetas con dedicarme elegías.

 

Otros con rociarme gasolina en la cabeza y arrojar un fósforo y ver mis rizos en llamas. Otras con llevarme a la cama. Y hace semanas un policía me detiene y me pregunta

 

si yo no era el poeta que había leído poesía aquella noche y le digo que sí y el policía dice que son buenos poemas y hace una reverencia o algo así...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Frank Báez

Es editor de la revista Global y de la revista de poesía Ping Pong. Su última colección de poemas, "Este es el futuro que estabas esperando", fue publicada en 2017 por la editorial Seix Barral.

Agosto de 2009
Edición No.100

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

La pregunta más difícil de todos los tiempos


Por Efraín Rincón


Publicado en la edición

No. 208



Sobre la importancia de tomarle una “foto” a un agujero negro y otras revelaciones de física para dummies. [...]

Con cariño, Carmen


Por Frank Báez


Publicado en la edición

No. 210



. [...]

¿El fin de los economistas?


Por Fareed Zakaria


Publicado en la edición

No. 208



Posan como científicos, pero se comportan como adivinos, con sus respectivas metidas de pata. El prestigio de los apóstoles de esta disciplina se desvaloriza y se acerca a la bancarrota, [...]

Juan Pablo Bieri, el nuevo censor de la televisión pública


Por Liga Contra el Silencio


Publicado en la edición

No. 203



Juan Pablo Bieri y RTVC sí censuraron "Los Puros Criollos" Una nueva entrega de la "Liga contra el silencio" de la cual hacemos parte. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores