Google+
El Malpensante

Música

Viaje en blues a La Pintada

¿Es cierto que Tom Waits estuvo de visita en La Pintada? La respuesta puede revelar misteriosos lazos entre el artista y el balneario paisa o, simplemente, dar cuenta del delirio de un guía alucinado.

© Isifa | Getty Images

 

Por extrañas coincidencias el Nirvana siempre queda al Sur. Jack Kerouac fue a The Big South, y en una cabaña perdida entre las montañas rocosas se hizo amigo de un ratón silvestre y de una mula vagabunda. Fue al extremo contrario de la brújula para estar a salvo del mundo, pero se encontró con él mismo y fue peor.

Ahora, mientras un jeep destartalado nos lleva a Tom Waits y a mí a La Pintada, pienso en eso. William Burroughs también estuvo aquí y nadie se dio cuenta. David Gilmour dio un concierto en Cali y fueron quinientas personas. Mick Jagger vino a comprar precolombinos y otras hierbas a Cartagena. Creyó que nadie sabría de él por estos pagos y casi no logra escapar del Corral de Piedra, disfrazado de hincha del Junior, mientras una nube de fotógrafos lo seguía como la peste.

Con Tom es distinto. Sus discos han sido rarezas apenas nominadas para Grammys. Ha tenido que ganarse la vida como actor, al lado de animales como Stallone y para directores amigos como Jim Jarmusch.

Por extrañas coincidencias que luego revelaré, Waits estaba aquí. Una amiga de Pomona, California, le sugirió que viajara al otro Big South y ahora lo tenía frente a mí, indefenso y a la espera de Todo. Le habían hablado mucho sobre estos lugares o tal vez había leído algo en Burroughs sobre la última República Bananera y otros reinos de Jauja.

Maltrechos y empolvados estamos ya en la cumbre de un cerro, divisando el cauce de este río color de fango. Los ojos enormes del Monstruo divisan el fondo, donde las piedras no terminan de caer. Un gallinazo planea filosóficamente encima de nosotros. Dos pitazos de canabis lo han colocado ya del lado de las Revelaciones. No pregunta nada, apenas mira y sonríe ante hallazgos minúsculos como el de una hormiga cargando una hoja o el de un niño que tumba limones con una vara. A lo lejos se escucha una amalgama de melodías inconexas, fragmentos de vallenatos, reguetón y música de carrilera. Tom tampoco parece oírlas, pero sé que lo hace a su manera. Encuentra perlas en medio de cualquier sordidez.

Cuando caminábamos hacia la cumbre para ver el paisaje, escurriendo dos latas de cerveza con sabor a gasolina, me señaló a un marrano que gruñía entre un m...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Fernando Mora Meléndez

En el último Festival de Cine de Cartagena estrenó su documental 'La eternidad tiene tiempo de esperarme'.

Agosto de 2009
Edición No.100

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Fidelidad de los perros


Por Tomás Sánchez Bellocchio


Publicado en la edición

No. 203



Dossier de Ficción [...]

Elegía matinal


Por Ana Blandiana


Publicado en la edición

No. 211



Segundo poema tempestuoso. [...]

Substantial Comics


Por


Publicado en la edición

No. 202



. [...]

Mi yo montuno


Por Harold Muñoz


Publicado en la edición

No. 212



Un hombre va al barbero para que le muestre su yo exterior.   [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores