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El Malpensante

Breviario

Mi sonrisa izquierda

Una visita a un odontólogo novato lleva al autor a pasar muchas tardes de su adolescencia frente a un espejo tratando de superar sus inseguridades.

© Rafael Espinel

 

Hace unos días tuve la oportunidad de reencontrarme con una vieja amiga. Mientras mirábamos unos viejos álbumes, mi esposa me preguntó por qué yo siempre hacía el mismo gesto. De inmediato supe a qué se refería: el lado derecho de mis labios se desplazaba hacia un lado y sonreía, el izquierdo permanecía inmóvil. Sin embargo, contesté que no entendía y pedí una mejor explicación. Sí, mira, me dijo, y comenzó a pasar las páginas y a mostrarme una por una todas las fotos en las que mi sonrisa ladeada era una réplica constante. No había caído en cuenta, me dijo, pero tú siempre sonríes así. No quise entrar en detalles en ese momento; levanté mis hombros para indicar que no tenía ni idea y miré a la pantalla del televisor. Un rato después entré al baño y ensayé mi sonrisa, vieja amiga, una y otra vez.

Soy muelón. Siempre he sido muelón. Aunque ahora que tengo los cachetes más gordos, se disimula un poco. No soy muelón de nacimiento; es decir, no desde que mis primeros dientes asomaron. Soy muelón desde que un odontólogo novato llegó a Popayán a hacerse pasar por experimentado ortodoncista e inauguró su clientela con mi boca en un esfuerzo por tratar de hacer que mis dos dientes frontales asomaran. Desde hacía varios meses, donde antes estaban los de leche, brillaban dos huecos en espera de los dientes nuevos. Fue una época tortuosa. De aquel tiempo recuerdo dolor, mucho dolor, encías sangrando, lloriqueos, pesadillas, helados, muchos helados que mamá me compraba después de cada cita. Al final el tipo lo logró; pero los dientes, por lo rudimentario de la técnica, aparecieron con una considerable desviación que él mismo después no pudo corregir. Al principio, aunque no faltaba quién me molestara en el colegio, mis dos paletas inclinadas en el centro de la boca no representaron para mí problema alguno. Mi martirio comenzó, unos años después, cuando me empezaron a gustar las niñas. Un día, después de varios años de tratar a las mujeres, me descubrí tapándome la boca con mi mano izquierda para hablarles. “Pareces bobo”, decía mi papá. Yo, d...

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Andrés Mauricio Muñoz

(Popayán, 1974) es autor de Te recordé ayer, Raquel.

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