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El Malpensante

Breviario

Diatriba contra el analista

El insominio causado por una ruptura amorosa lleva a este autor a optar por un largo e incomprensible tratamiento piscoanalítico. 

© Fabricio Vanden Broeck

Una tarde en que las secuelas del divorcio se agravaron, después de haberme expuesto al fuete de un santero, al tabaco de una pitonisa y a los mantras de un budista, decidí abandonar los caminos de Oriente y confiar en que Occidente me salvaría con un método ya probado por un sabio de Viena.

Un amigo que cumplía quince años en análisis, con apenas dos intentos de suicidio, me confió que el camino era largo y a veces más largo; pero que los cambios se hacían sentir hasta en la manera de saludar, que el diván era útil incluso para el lumbago. Otro, en cambio, que no creía sino en las pepas, me salió al paso con una paradoja: “¿Cómo se te ocurre que vas a curar el insomnio analizando sueños que no tenés?”. Me sugirió que viera escenas del primer Woody Allen para darme cuenta de lo ridículo del método. Me trató de disuadir con la idea de que una vez se empezaba el tratamiento era casi imposible salir de él, como en la mafia.

Mientras tanto, los síntomas se las ingeniaban para criar otras fobias. Una madrugada, luego de pasar la noche en blanco por pensar en la Negra (la que me dejó), me hallé preguntándome por lo extraño que resultaba tener una mano de cinco dedos. ¡¿Por qué un número impar, tan imperfecto?! No aguanté más y marqué el número de un doctor que aparecía de este modo en las páginas amarillas: “Dr. Olivio Caetano Rosas, especialista en obsesiones, manías, miedos inexplicables, fobias, vacío existencial. Absoluta reserva”.

De modales corteses, sin chivera, ni calva, ni lentes redondos, el doctor lucía un aire deportivo. Sus ademanes revelaban una satisfacción profesional que obligaba a guardar distancia. Tal vez fue ese aspecto de ciudadano promedio, sin rarezas ni aspavientos, lo que me inspiró confianza. Pude ver que en los anaqueles del consultorio había solo objetos precolombinos: estatuillas chiquitas de chamanes, con pipís enormes, y una mujer jaguar que paría a un guerrero.

Se supone que lo...

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