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El Malpensante

Artículo

"Un progresista es siempre un conspirador contra el destino"

Tildada de anacrónica, obtusa y violenta, la izquierda afronta una de sus peores crisis. Cuando el camino parece cerrado, alternativas como la del ex ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil abren de nuevo todas las puertas.

© Manpreet Romana | AFP

 

Es difícil imaginar a Roberto Mangabeira Unger cuando llegó a Harvard en 1969 para una estadía de algunos meses. Era apenas un muchacho de 22 años que intentaba tomar distancia de Brasil, su país, donde la dictadura militar que había derrocado a Joâo Goulart acechaba a varios miembros de su familia. Antes de un año ya era el profesor de derecho más joven en la historia de la universidad más antigua y prestigiosa de Estados Unidos y el único latinoamericano en la Escuela de Leyes. Esto es bastante conocido y suele asociarse con otro momento singular en su fértil carrera intelectual y política. Aunque fue uno de los críticos más severos del primer gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores, en 2007 Lula lo nombró ministro de Asuntos Estratégicos, un ministerio sin cartera especialmente creado para que Mangabeira Unger se dedicara a trazar el porvenir de Brasil a largo plazo. Durante dos años intensos, recorrió el país de extremo a extremo y también sirvió de embajador oficioso para intentar persuadir a otros gobiernos de América Latina de la necesidad de disminuir la dependencia de los recursos naturales y encaminar a la región hacia un rumbo muy diferente del actual.

El escritorio de Mangabeira es un testimonio de su profunda conexión con Brasil: toda la superficie está cubierta por una colección de piedras semipreciosas que ha recogido en sus viajes a lo largo y ancho del gigante del sur. Es evidente que no es en ese escritorio donde pone sobre papel los articulados argumentos de su proyecto político contra lo que él llama la dictadura de la no-alternativa que subyuga al mundo (denominada por otros analistas “pensamiento único”). “Escribo de pie, así que hace muchos años diseñé yo mismo mi escritorio”, dice señalando una especie de atril de madera donde ha escrito buena parte de sus ensayos. “Lo curioso es que a los pocos meses vi un anuncio comercial de mi diseño en la revista The New Yorker. Alguien lo vio y se lo copió”.
 
La oficina es grande y espaciosa, con bibliotecas que cubren las paredes, y un sofá y dos butacas donde recibe las visitas.
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Boris Muñoz

Es Nieman Fellow 2010 en la Nieman Foundation de periodismo en Harvard University. Ha publicado, entre otros libros, La ley de la calle en coautoría con José Roberto Duque y Despachos del imperio.

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