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El Malpensante

Música

Repriman sus aplausos

El más tiránico mandamiento de la música ha reducido al público a un manojo de nervios. Entre el aplauso temeroso, la tos, el silencio y la huida, ¿cómo responder al final de cada movimiento?

Ilustración de Adrià Fruitós

 

 

El otoño pasado, Barack Obama fue el anfitrión de una velada de música clásica en la Casa Blanca: un evento de poca importancia, que ahora es más bien una ocurrencia estrambótica. Antes de empezar la música, Obama dijo: “Si entre el público hay algunos neófitos en música clásica y no están seguros del momento en que deben aplaudir, no se pongan nerviosos. Aparentemente el presidente Kennedy tenía el mismo problema. Él y Jackie ofrecieron muchos eventos musicales aquí, y varias veces él empezó a aplaudir cuando no debía. Así que el encargado de protocolo ideó un sistema mediante el cual le indicaba el momento correcto haciendo un ruido en la puerta del vestíbulo. Yo ahora, por fortuna, tengo a Michelle que me avisa cuándo aplaudir. Ustedes quedan bajo su propio riesgo".

Obama se estaba divirtiendo a expensas de la regla antiaplauso, un principio central en la etiqueta de la música clásica en tiempos modernos, que sostiene que uno debe abstenerse de aplaudir hasta que hayan sonado todos los movimientos de una obra. Ningún otro aspecto en el ritual del concierto clásico parece ser más enigmático. El problema no es que la regla antiaplauso sea tan arcana que ni un profesor de leyes convertido en presidente la pueda dominar. El problema es que la etiqueta y la música van a veces en direcciones opuestas.
 
Cuando una persona promedio oye el final del tercer movimiento de la sinfonía Patética de Chaikovski, su instinto inmediato es aplaudir. La música misma parece exigirlo, incluso suplicarlo. La palabra “aplauso” viene de la instrucción plaudite que aparecía al final de las comedias en la antigua Roma, ordenando al público que hiciera ruido con sus palmas. Acordes como ésos de Chaikovski son el equivalente musical de plaudite. Casi imitan la acción de juntar las palmas porque la orquesta confluye en una serie de sonidos rápidos percutidos.
 
Si alguna vez el presidente Kennedy o el presidente Obama aplaudieron después del tercer movimiento de la sinfonía Patética, o del primer...

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Comentarios a esta entrada

Manuel Alanis

Muy seguido me pongo a pensar en porque el tipo de composicion clasico se detuvo despues del siglo XIX, que ha pasado? a las personas no les gusta musica clasica porque necesitan estar gritando,aplaudiedo o chiflando?

Su comentario

Alex Ross

Invitado Festival Malpensante 2009. Escritor y crítico musical de The New Yorker. Su libro The Rest is Noise se publicó en 2007 y fue uno de los diez mejores ese año según el New York Times.

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