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El Malpensante

Crónica

Síndrome de abstinencia

Una postal de otros tiempos

En 1959, un paro de cantineros volteó de cabeza las noches paisas. Este recuento de los hechos confirma que, en cuanto a borrachos, no todo tiempo pasado fue mejor.

Los sedientos parroquianos ante la puerta clausurada de los bares. © Carlos Rodríguez. Archivo histórico de Antioquia

Todas las cantinas de la ciudad fueron cerradas a la media noche”. Con ese titular tenebroso abrió el diario El Correo su primera página el martes 8 de septiembre de 1959. Los dueños de las cantinas, bares, heladerías, cafés, grilles y demás centros de esparcimiento de alcoholes habían decidido tirar la reja y declarar la huelga general. La ciudad quedaba en manos de las iglesias y la buena voluntad de algún vecino que ofreciera las copas de su escaparate. Un acuerdo del Concejo sobre el uso de los tocadiscos fue el culpable de ese premio repentino y fugaz para la liga de la templanza.

Quién sabe dónde se reunían los cabildantes en aquellos tiempos. Con seguridad en algún bar cercano al antiguo Palacio Municipal. El caso es que la reunión terminó con un acuerdo que intentaba arrebatar unas monedas a las pianolas: “Los aparatos musicales de establecimientos exclusivamente diurnos, de 20 a 40 pesos, por cada unidad. Los aparatos musicales de establecimientos exclusivamente nocturnos, de 40 a 70 pesos, por cada unidad”. Y como la plaga de la música extranjera se estaba tomando el corazón de los antioqueños, se estableció cobrar la mitad a los “aparatos musicales” que ofrecieran solo “bambucos, pasillos, guabinas, bundes, joropos, galerones, torbellinos, marchas y danzas”.
 
Pero eso no era todo. Los cantineros, además de tacaños con el erario, eran bullosos hasta el pecado. Se decretó entonces el destierro de las infernales pianolas: “No se permitirá el funcionamiento ni diurno ni nocturno de aparatos musicales en establecimientos situados a doscientos (200) metros, o menos, de iglesias, capillas, seminarios, escuelas, fábricas, casas de beneficencia, reformatorios, hospitales, cementerios, clínicas y similares”. Se agradece que no mencionaran a las academias de historia. Hace cincuenta años Medellín se manejaba bajo las reglas de una modesta copropiedad: “Ningún aparato receptor, transmisor o reproductor de sonido podrá funcionar en la ciudad sino a volumen moderado, que no perturbe ...

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Pascual Gaviria

Abogado de la Universidad de los Andes. Colaborador del periódico El Mundo, de la Revista Universidad de Antioquia y de la revista Cambio. Publicó su primer libro: Pacientes caligrafías en 1999. Ganador del Premio Departamental de Poesía de Antioquia, otorgado por el Ministerio de Cultura, en 1999.

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