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El Malpensante

Breviario

Una historia sin par

Una media perdida en la lavadora lleva al autor a hacer una reflexión sobre las parejas

© Ilustración de John Nelson | Corbis

 

Estaba extendiendo unas medias en el alambre y de repente se me enredó la vida. Había llegado a la terraza lleno de alegría y optimismo, dispuesto a dar el paso final de ese complejo y engorroso proceso que es lavar la ropa sucia. Allí, entre el ondear de sábanas, camisas y calzoncillos, sostenía en mis brazos un colorido y disímil ramillete de calcetines empapados y limpitos, prestos a recibir el sol. Tomé un gancho de madera y pellizqué la tela de la primera media (una de lana con colores vivos) aprisionándola sobre el alambre. Acto seguido busqué entre el ramillete la pareja de la que acababa de colgar, para acomodarlas juntas, pero no la encontré. Revolví el zurullo mojado que mi brazo derecho aprisionaba contra el abdomen y no vislumbré ningún color vivo hecho de lana entre la húmeda confusión. Rebujé con ahínco, convencido de que no había podido cometer el acto inicuo de lavar una media sin su par.

Estuve un buen rato buscando, encorvado junto al alambre, con la punta de una camisa rozando mi rostro y agarrando incómodamente el fardo de calcetines. Pasé del tanteo superficial al escrutinio riguroso y luego al manoteo desesperado, hasta que en medio de la agitación un inmaculado calcetín blanco se desprendió del ramillete y descendió indiferente sobre un charco de color café. Miré hacia el piso y vi la grave situación: una serie de pequeñas ciénagas pantanosas se distribuían asimétricamente por toda la superficie de la terraza y sobre ellas caían los calcetines del ramillete que se empezaba a deshojar sin que mis manos ocupadas pudieran evitarlo y sin que nada ni nadie en el mundo pudiera hacer algo al respecto. El cerebro empezó a enviar señales contradictorias y urgentes al cuerpo pidiéndole simultáneamente conservar las medias que tenía aprisionadas en el brazo, detener las que caían y recoger las que estaban en el suelo.

Mi cuerpo se contorsionó tratando de salvar del pantano la mayor cantidad posible de calcetines, librando una batalla de poses inverosímiles que duró cerca de media hora. Pero tuvo sentido: al final solo tres pares (unas medias de futbolista, otras negras de fondo entero como de señor, unas blancas llenas de motas) y d...

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